El Fondo Monetario Internacional le puso a México un espejo enfrente y Hacienda respondió con un comunicado para acomodar la iluminación. Mientras el organismo advierte que el ajuste fiscal va perdiendo velocidad y que la deuda apunta hacia arriba, la Secretaría de Hacienda presume una consolidación “ordenada”, “gradual” y “compatible con el crecimiento”. El pleito no está en los adjetivos: está en si las cuentas alcanzan.
Porque una cosa es reducir el déficit —seguir gastando más de lo que entra, pero por una cantidad menor— y otra conseguir que la deuda entre en una trayectoria descendente. No son sinónimos, aunque en el discurso oficial puedan aparecer convenientemente revueltos.
Menos déficit no basta
Según la declaración del FMI citada por El Norte, México redujo de manera marcada el déficit en 2025 y continuó fortaleciendo las finanzas públicas en 2026, aunque con menos ímpetu. El problema aparece hacia adelante: la propuesta presupuestaria para 2027 plantea una consolidación más lenta que la anunciada anteriormente y una trayectoria ascendente de la deuda durante los próximos años.
En español de banqueta: el Gobierno ofreció apretarse el cinturón a cierta velocidad y ahora propone hacerlo con más calma. Mientras tanto, la cuenta sigue creciendo.
El FMI pide una consolidación “más ambiciosa y acelerada”. Hacienda defiende la gradualidad para no sacrificar inversión ni prioridades sociales. Esa diferencia importa: ajustar demasiado rápido puede castigar la actividad económica; ajustar demasiado despacio puede dejar al Gobierno sin espacio para responder a la siguiente emergencia.
Lo que el Fondo cuestiona no es que exista un esfuerzo fiscal. Cuestiona que ese esfuerzo sea suficiente. Y ahí el comunicado de Hacienda no liquida la discusión: reiterar que la estrategia es responsable no demuestra, por sí solo, que vaya a torcer la curva de la deuda.
El margen está comprometido
“Recuperar margen de maniobra fiscal” suena a conversación entre funcionarios con café caro. En la calle significa algo bastante más sencillo: tener dinero y capacidad presupuestaria para atender necesidades sin que cada decisión obligue a recortar otra partida o a buscar más financiamiento.
El FMI pide medidas equilibradas y creíbles para proteger las metas fiscales y abrir espacio a infraestructura y salud. No está proponiendo, en el texto citado, pasar la tijera indiscriminadamente. Está pidiendo revisar cómo se recauda, en qué se gasta y qué compromisos siguen cargándole peso al presupuesto.
La lista tiene destinatarios incómodos:
- Focalizar mejor los programas sociales: revisar a quién llega el dinero y si cumple su propósito, no confundir automáticamente eficiencia con desaparición de apoyos.
- Eliminar progresivamente los subsidios a los combustibles: dejar de sostener esa intervención presupuestaria de manera indefinida.
- Fortalecer de forma duradera las finanzas de Pemex: resolver el problema financiero con horizonte de permanencia, no limitar la discusión al siguiente parche.
La palabra decisiva es “duradera”. Porque administrar una urgencia no equivale a resolverla, aunque el anuncio venga acompañado de ceremonia y fotografía.
Reglas sin dientes
Otro jalón de orejas está en el marco fiscal. El Fondo reconoce que las reglas mexicanas han contribuido a mantener disciplina, pero señala que no han impedido que la deuda aumente con el tiempo.
Traducción: hay reglamento, pero el resultado todavía no convence.
Por eso propone un ancla de deuda de mediano plazo, mecanismos de corrección definidos, cláusulas de escape vinculantes y un consejo fiscal independiente. Dicho sin traje: fijar una referencia clara, establecer qué hacer cuando las cuentas se desvíen y evitar que las excepciones se conviertan en una puerta giratoria.
Un consejo independiente serviría para someter las cuentas a una evaluación que no dependa exclusivamente del mismo Gobierno que las presenta. Porque ser jugador, árbitro y comentarista de la propia disciplina presupuestaria resulta bastante cómodo.
El FMI también pide transparencia y supervisión de las operaciones extrapresupuestarias. La cuestión es sustantiva: el análisis fiscal no puede quedarse en el escaparate del presupuesto; debe mirar también las operaciones que pueden afectar la deuda y los compromisos públicos.
Inversión sí, trucos no
El Fondo considera positivos los planes de infraestructura y pide proteger la inversión pública, además de permitir mayor participación privada. Pero el reconocimiento viene con condiciones. Hacienda destaca el aplauso; conviene leer también la letra pequeña.
La inversión debe corresponder a la capacidad real de ejecución, respetar los límites presupuestarios y ser compatible con la sostenibilidad fiscal. No basta con anunciar proyectos: hay que poder realizarlos y pagarlos.
El organismo también recomienda limitar los diferimientos en el reconocimiento del gasto y contener los pasivos contingentes de proyectos mixtos. En lenguaje de banqueta: que la factura no aparezca más tarde solo porque hoy resulta políticamente incómodo registrarla, y que los compromisos que podrían recaer sobre el Gobierno no se traten como si fueran dinero gratis.
La participación privada tampoco vuelve inocuo cualquier proyecto. Por eso el FMI pide armonizar las salvaguardas del nuevo marco de inversión con la Ley de Asociaciones Público-Privadas. Asociarse no elimina la necesidad de revisar quién asume los riesgos y bajo qué condiciones.
El crecimiento no hace milagros
Con las proyecciones citadas de 1.5% de crecimiento para 2026 y 1.8% para 2027, el escenario tampoco permite descansar toda la estrategia en una expansión económica vigorosa. El propio Fondo señala que la incertidumbre externa seguirá limitando la actividad.
Hacienda sostiene que metas realistas, ingresos permanentes y una ejecución responsable permitirán reducir el déficit sin comprometer inversión productiva ni prioridades sociales. Es una defensa atendible como planteamiento. Su prueba está en los resultados, no en la tersura del comunicado.
El punto incómodo que exhibe este intercambio no es que México esté necesariamente al borde de una crisis: el texto no permite sostener semejante salto. Es otro, menos espectacular y más preciso: el FMI considera insuficiente el ritmo del ajuste para poner la deuda en una trayectoria firmemente descendente, mientras Hacienda defiende ese mismo ritmo como una estrategia adecuada.
Ahí está el brete. El Gobierno habla de orden; el Fondo pregunta si ese orden alcanza. Y las cuentas públicas tienen una grosería muy poco diplomática: no se cuadran con adjetivos.
Con información: ELNORTE/

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