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viernes, 28 de agosto de 2026

“SHEINBAUM CONVIRTIÓ el PÚLPITO MAÑANERO en AGENCIA de PUBLICIDAD para PROYECTAR a CABEZA de VACA hacia la PRESIDENCIA en 2030”… hizo de un aspirante marginal un TEMA de ESTADO y lo colocó como personaje de la sucesión.


La presidenta parece haber descubierto, sin querer, una innovadora modalidad de financiamiento político: la promoción gratuita desde Palacio Nacional. Cada alusión mañanera al panista ex-gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca —prófugo para el gobierno, perseguido político para él— le regala exactamente lo que un aspirante opositor necesita: foco, antagonista y una narrativa de confrontación.

El púlpito como agencia de publicidad

Cabeza de Vaca podrá estar en Estados Unidos, con una orden de aprehensión reactivada y una solicitud de extradición pendiente; pero políticamente ha logrado seguir sentado en la mesa mexicana. 

Y no por la potencia territorial de su partido ni por una estructura electoral deslumbrante, sino porque el oficialismo decidió convertirlo en personaje recurrente de la conversación nacional. La publicidad más efectiva no siempre se compra: a veces se pronuncia desde el atril presidencial.

El exgobernador ya le dijo a la periodista Carmen Aristegui que «con mas ganas», es decir la presidenta lo alienta, que quiere competir por la Presidencia en 2030 y que pretende construir un frente opositor rumbo a 2027 y 2030. No es una candidatura formal, por supuesto, pero sí un mensaje deliberado: quiere dejar de ser expediente judicial y convertirse en símbolo político. 

La trampa estratégica

Aquí está el problema para Sheinbaum: cuando una presidenta entra a debatir de manera personal y reiterada con un opositor, éste deja de ser un actor periférico y adquiere estatura de adversario presidencial. Y en política, la estatura no siempre se gana: también se la concede el rival.

Más todavía si, junto con los señalamientos sobre su condición jurídica, aparece el debate sobre la doble nacionalidad y la posibilidad de impedir que quienes la tengan compitan por la Presidencia o una gubernatura. Aunque la iniciativa no ha sido presentada ni discutida por el Congreso, el simple anuncio permite a Cabeza de Vaca vender una tesis muy rentable: “me persiguen porque les estorbo”. 

No importa que esa defensa tenga que convivir con acusaciones graves, una orden de captura vigente y su negativa a presentarse ante un juez. En la lógica de la comunicación política, la víctima no necesita ganar el expediente para explotar el relato; sólo necesita que el poder parezca demasiado interesado en derrotarla.

El regalo narrativo

La consejera jurídica cuestiona la nacionalidad; la presidenta habla de extradición; el aludido responde desde fuera del país; y el tema deja de ser exclusivamente judicial para mutar en una disputa de derechos políticos, elegibilidad y “persecución”. Es decir: el guion perfecto para quien busca pasar de acusado a perseguido, y de perseguido a presidenciable.

Cabeza de Vaca, por su parte, ha dicho que su doble nacionalidad no le impidió desempeñarse como alcalde, diputado, senador y gobernador, pues sostiene ser mexicano por nacimiento. También acusa que la eventual reforma tiene “nombre y apellido”. Es una coartada discursiva muy conveniente: no resuelve las imputaciones, pero desplaza la conversación hacia el terreno donde más le favorece: el de la confrontación con el poder.

«El problema no es que Cabeza de Vaca quiera la Presidencia en 2030. Querer no cuesta; lo que cuesta es construir relevancia. Y esa relevancia, paradójicamente, se la está subsidiando el oficialismo con micrófono, cámara y cadena nacional. 

Si el objetivo era reducirlo políticamente, la estrategia ha sido curiosa: convertir a un fugitivo en tema de Estado y a un aspirante marginal en personaje de la sucesión.

Con información: MEDIOS/REDES/

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