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viernes, 14 de agosto de 2026

SE “EQUIVOCAN” los DOS: COLOMBIA ACEPTA AYUDA que LLEGA en CAJAS, pero PAUSA la QUE IBA LLEGAR con CASCOS MILITARES… mero saldo de la polarización que agravia la ayuda.


La presidenta de Mexico Claudia Sheinbaum ha informado que una brigada de rescate de las Fuerzas Armadas de México no ha podido viajar a Colombia para unirse a las labores de ayuda tras el terremoto de magnitud 7,4 que azotó con fuerza el occidente del del país. 

El miércoles, la mandataria dijo que la ayuda humanitaria ya había despegado, junto con elementos del Ejército para apoyar en las labores requeridas; sin embargo, la mañana de ayer jueves, Sheinbaum precisó que el Gobierno colombiano ha solicitado “otra certificación” a los rescatistas para poder operar: “No es un conflicto, no hay un problema, solo estoy informando la solidaridad que ofreció México y que Colombia dijo: ‘Queremos despensas, medicamentos, pero [para el ingreso de] los rescatistas necesitamos una certificación”, dijo.

Y sí: El Colombiano acierta al recordar que existen protocolos técnicos —INSARAG— para admitir equipos internacionales, pero se queda corto si presenta el asunto como una mera formalidad administrativa. La pregunta incómoda es por qué Colombia exige a México una certificación adicional mientras abre la puerta a otros países: cuando los criterios no se explican con transparencia, la “técnica” empieza a oler a política.

Colombia tiene derecho a exigir certificaciones; no tiene derecho a esconder la política detrás del sello

En esto, Claudia Sheinbaum tiene razón. El Gobierno colombiano no permitió el ingreso de la brigada de rescate de la Sedena porque exigió una certificación adicional, pese a que México sostiene que su equipo ya cuenta con acreditaciones y experiencia internacional, por cierto probadas. 

No se trata de que México pueda aterrizar donde le plazca con uniformados, perros de rescate y maquinaria: Colombia es soberana, una emergencia no suspende sus protocolos y la coordinación técnica evita que la solidaridad se convierta en estorbo. 

Pero una cosa es aplicar protocolos y otra muy distinta convertirlos en una coartada selectiva. INSARAG existe precisamente para ordenar la llegada de equipos extranjeros, verificar capacidades y no saturar una zona de desastre con brigadas que nadie coordina. 

Hasta ahí, el Gobierno colombiano tiene razón. El problema comienza cuando la autoridad no explica con la misma precisión por qué ciertos equipos sí reciben luz verde y otros quedan estacionados en la pista, esperando que la diplomacia les expida un certificado de afinidad ideológica. 

Sheinbaum, por cierto, tampoco puede posar de víctima impoluta. Primero informó que los rescatistas mexicanos ya habían viajado; al día siguiente tuvo que corregirse: no habían salido. En una tragedia, comunicar mal no es un detalle menor. La Presidencia mexicana convirtió una oferta de ayuda en un anuncio prematuro y luego tuvo que recoger el cable. Eso no borra el agravio potencial de Colombia, pero sí obliga a ponerle un asterisco a la narrativa mexicana.

México, mientras tanto, sí ha enviado despensas, agua, medicamentos e insumos médicos en aviones Hércules; es decir, Colombia acepta la ayuda que cabe en cajas, pero mantiene en pausa la que llega con cascos, binomios caninos y capacidad de búsqueda. El contraste requiere una explicación pública, verificable y no una frase burocrática sobre “otra certificación”. 

La controversia es, además, saldo de una polarización con Sheinbaum que apoyaba al rival de Espriella y que alimentaba desde su trinchera tradicionalmente metiche.

Su gobierno ha hecho de la solidaridad internacional una bandera política y su interlocución regional suele transitar por afinidades y confrontaciones ideológicas. Sería ingenuo fingir que ese clima no pesa. Pero sería todavía más mezquino permitir que las diferencias entre gobiernos definan quién puede buscar sobrevivientes bajo los escombros.

En un desastre, la soberanía se respeta; los protocolos se cumplen; las certificaciones se verifican. Lo que no se vale es usar una emergencia para pasar factura política. Si la brigada mexicana no cumple el estándar, Colombia debe decir cuál es, exhibir el requisito y explicar qué tendría que acreditar para entrar. Si sí lo cumple, retenerla por desconfianza ideológica no sería prudencia institucional: sería burocracia con partido.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERIKA ROSETE/CAMILA OSORIO/

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