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viernes, 14 de agosto de 2026

LA “CULEBRA de 175 CABEZAS”: FRANQUICIAS de VIOLENCIA CAEN, se DIVIDEN, se REBAUTIZAN y CAMBIAN de SOCIOS… ajustan su menú y siguen cobrando.


La estrategia de contar capos como trofeos ha servido más para la conferencia de prensa que para devolverle tranquilidad al país. Mientras Washington afila la guillotina contra ocho cárteles, México sigue sentado encima de una víbora con 175 cabezas, muchas de ellas perfectamente adaptadas al negocio de ordeñar comunidades enteras. 

La culebra no vive de un capo

Cada vez que detienen, extraditan o entierran a un gran jefe criminal, el gobierno vende la misma postal: un golpe histórico, un antes y un después, una victoria de ésas que caben muy bien en un tuit con música épica.

Luego viene la realidad, esa invitada incómoda que nadie quiso sentar a la mesa.

Caen figuras centrales del Cártel de Sinaloa o del CJNG, Estados Unidos ofrece recompensas de película y anuncia procesos judiciales con la energía de quien ya encargó el trofeo. Pero el crimen organizado no funciona como una empresa que baja la cortina cuando se muere el director general. Funciona como una franquicia de violencia: se divide, se rebautiza, cambia de socios, ajusta su menú y sigue cobrando.

No hay vacío de poder: hay remate de territorio.

Ocho cabezas menos, 167 esperando

Estados Unidos ya trata a ocho organizaciones mexicanas como amenazas terroristas extranjeras. Es una modificación relevante en su lógica de persecución: ya no se trata únicamente de narcotráfico, sino de seguridad nacional, fentanilo, finanzas ilícitas y control de rutas.

El detalle, minúsculo pero decisivo, es que no estamos hablando de dos cárteles con logo reconocible y corrido propio. Un diagnóstico de AC Consultores identifica 175 organizaciones criminales, con presencia en aproximadamente 81 por ciento del territorio nacional y capacidad de afectar a cerca del 86 por ciento de la población. 

Es decir: mientras el reflector apunta a las ocho marcas más famosas del catálogo criminal, hay otras 167 aprendiendo a moverse en la penumbra.

Porque cuando a una organización le rompen la estructura, sus operadores no suelen presentar su renuncia ni inscribirse a Jóvenes Construyendo el Futuro. Buscan otro negocio: extorsión, robo de combustible, tráfico de personas, control de transportistas, minería, pesca, agricultura o el siempre rentable arte de cobrarle a alguien por el privilegio de trabajar.

El negocio dejó de cruzar la frontera

La vieja narrativa decía que el narco era un problema de rutas hacia Estados Unidos: droga que iba, dólares que venían y policías que, misteriosamente, nunca veían nada.

Eso ya no alcanza.

El crimen organizado descubrió que el mercado interno también es extraordinariamente lucrativo. No necesita exportar toda su violencia: puede administrarla localmente. Puede cobrar piso al tendero, imponer condiciones al productor agrícola, decidir quién transporta mercancía, intervenir elecciones municipales y convertir el presupuesto público en otra caja chica. El territorio ya no es sólo un pasillo para mover drogas; es una oficina de cobro, un centro de control político y, en demasiados lugares, una aduana criminal. 

La tragedia no siempre aparece en la estadística nacional. Puede bajar el número total de homicidios y, simultáneamente, aumentar la vida de rodillas: comerciantes pagando cuota, alcaldes obedeciendo órdenes, comunidades pidiendo permiso para sembrar, pescar, vender o simplemente abrir el negocio al día siguiente.

México no necesita más trofeos

Washington quiere frenar el fentanilo, perseguir a sus productores, reventar finanzas y evitar que el debilitamiento de Sinaloa termine fortaleciendo al CJNG. Es su interés y lo ejecuta con sus instrumentos. 

México, en cambio, tiene una tarea menos vistosa y mucho más difícil: recuperar la vida cotidiana.

No basta con anunciar recompensas millonarias por capos que, por cierto, ya viven con más seguridad que buena parte de los alcaldes del país. 

Hay que impedir que el pequeño comerciante entregue quinientos pesos al delincuente de la esquina para que le permitan abrir mañana. Hay que desmontar redes financieras, depurar policías y fiscalías, proteger gobiernos municipales y reconstruir capacidad estatal donde hoy manda una célula con radio, armas y una lista de cuotas.

Cortar ocho cabezas puede ser útil. Celebrarlo como si la culebra estuviera muerta, en cambio, sería otro capítulo de esa costumbre nacional de confundir el golpe mediático con la solución.

Con información:EMEEQUIS/ALBERTO CAPELLA/

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