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miércoles, 12 de agosto de 2026

“GANO la VERGUENZA AJENA: PAR de DIPUTADOS CONVIERTEN el PATIO del SENADO en RECREO de SECUNDARIA, con CARGO a los IMPUESTOS…sin MÁSCARA, sin RÉFERI y con FUERO.”


La Comisión Permanente ofreció este miércoles una nueva cátedra de alta política mexicana: dos diputados, dos partidos y cero argumentos suficientes para evitar que el patio del Senado pareciera recreo de secundaria con presupuesto público.

Diplomacia de patio: el PRI y Morena elevan el debate… a empujones

Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla, presidente de la Comisión de Juventud, y Arturo Ávila, diputado de Morena, decidieron honrar el cargo con una demostración pedagógica para las nuevas generaciones: si no puedes ganar una discusión, siempre queda el jalón, el empujón y la frase digna de comentario fijado en Facebook.

En la explanada del Senado, el priista acusó al morenista de defender al narcotráfico; el morenista respondió que Gutiérrez era enviado —o porro, para usar el léxico parlamentario de alta gama— de Alejandro “Alito” Moreno. Hasta ahí, el guion habitual: acusaciones gravísimas lanzadas con la ligereza de quien pide otra salsa en la taquería.

Luego vino el momento cumbre de la institucionalidad: saludo de mano, manotazo en el hombro, empujones y una toma del cuello que confirmó que, para algunos legisladores, el diálogo republicano consiste en usar el cuerpo como argumento. Ávila pidió que no lo tocaran; Mancilla preguntó si lo iban a mandar a matar con “sus pinches armas”. El Senado, pues, convertido por unos minutos en una audición para programa de peleas vespertinas.

La ironía es impecable: uno preside la Comisión de Juventud y el otro funge como vocero de Morena, pero entre ambos lograron representar exactamente lo que muchos jóvenes reprochan a la política: gritos, etiquetas, teatralidad y una preocupante incapacidad para debatir sin convertir la diferencia ideológica en forcejeo de pasillo.

Mancilla, quien ya había llevado al pleno una manta con Ávila y Luisa María Alcalde en la playa, volvió a mostrar que su propuesta política parece depender más de la utilería que de los argumentos. Ávila, por su parte, encontró en el “porro de Alito” la respuesta que completa el circuito perfecto de la política nacional: nadie explica, todos acusan y el ciudadano contempla cómo los representantes populares se disputan el campeonato de quién rebaja más el nivel.

No fue un debate, ni siquiera una confrontación política: fue un episodio de lucha libre sin máscara, sin referí y con fuero. Porque mientras el país espera discusiones serias sobre seguridad, economía y justicia, algunos de sus diputados siguen empeñados en demostrar que el Congreso puede ser muchas cosas, menos un espacio de altura. Los reportes coinciden en que el intercambio incluyó acusaciones de nexos con el narco, insultos y empujones durante la Comisión Permanente. 

Con información: ELNORTE/

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