Derek Maltz, ex jefe interino de la DEA, ya puso sobre la mesa una exigencia sin rodeos: que Rubén Rocha rinda cuentas y sea llevado ante la justicia estadounidense por las acusaciones que lo vinculan con una red de narcogobierno en Sinaloa.
La petición, dirigida además a Omar García Harfuch, suena potente: una operación de alto nivel para detener y trasladar al Gobernador. Pero conviene no confundir el estruendo con la capacidad de ejecución. Porque ni el nivel de salario, ni el tamaño de la charola, ni el margen político que desde Palacio Nacional le han dejado a Harfuch permiten suponer que sea él quien pueda,mas allá de que quiera, cumplir una orden de semejante calibre.
Harfuch podrá encabezar la narrativa de seguridad, aparecer en conferencias y cargar con la expectativa pública de poner orden en el país; pero entregar a un Gobernador morenista requerido por Estados Unidos supone tocar una pieza central del andamiaje político de la 4T. Y para eso no basta una oficina, una investidura ni una cuenta verificada en X: hace falta autonomía real, respaldo presidencial y disposición para romper el pacto de impunidad.
Rocha, mientras tanto, regresa al Gobierno de Sinaloa tan solo para pedir licencia otra vez, luego del escándalo desatado.

El Congreso El Congreso de Sinaloa citó para este dia a una sesión extraordinaria de la Comisión Permanente para analizar la licencia del Gobernador Rubén Rocha, quien apenas un día antes había regresado al cargo.

Por medio de un mensaje, la LXV Legislatura local anunció la reunión que, pese a no estar en la orden del día, servirá para analizar la nueva solicitud del morenista, a las 11:00 horas.
Fuentes locales indican una posible reunión extraordinaria el próximo lunes 24 de agosto para proponer a quien será el o la nueva Gobernadora interina del Estado.
Con información: ELNORTE/

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