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sábado, 15 de agosto de 2026

“¿CRIMEN PERFECTO ?: ROCHA PRIMERO TRAICIONÓ a CUÉN, lo MANDÓ MATAR con CHAPITOS, usó la FISCALÍA para ENCUBRIR ASESINATO y AMÉRICO se sabe PELÍCULA”…mentira no está cayendo sola: la empujan evidencias.


El caso Héctor Melesio Cuén en Sinaloa ,no parece una investigación criminal; parece una escenografía mal montada por el gobierno que encabezaba el aun gobernador con licencia, Ruben Rocha Moya, con video reciclado, testigos de utilería y papeles oficiales con la hora descompuesta.

La versión local decía que Cuén fue atacado en una gasolinera la noche del 25 de julio de 2024. Pero la FGR informó que encontró indicios hemáticos de Cuén en la finca de Huertos del Pedregal, el mismo punto ligado al secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, aquel jueves fatídico,siempre en jueves.

También sostuvo que el homicidio ocurrió muchas horas antes del video de la gasolinera, material que fue descalificado dentro de la investigación federal. 

Es decir: mientras una versión hablaba de un asalto nocturno, la evidencia federal apuntaba a una finca, a otro horario y a un contexto mucho más oscuro. Porque en Sinaloa hasta los montajes salen con horario de oficina… pero sin cuadrar la hora.

El personal de la gasolinera negó que aquella noche hubiera ocurrido un ataque armado. Y el video exhibido para sostener esa narrativa —donde presuntamente dos hombres disparan contra el vehículo de Cuén— quedó bajo sospecha y fue desestimado por la propia FGR, según los reportes públicos. 

Luego vino el “chofer”. Fausto Ernesto Corrales Rodríguez declaró que Cuén llegó con vida al sanatorio y que él mismo ordenó ser trasladado a esa clínica. Sin embargo, la reconstrucción difundida por ADN Noticias cuestiona esa versión: Corrales no era el chofer habitual del exrector, sino hijo de Víctor Antonio Corrales Burgueño, personaje cercano a Cuén. La pregunta no es menor: ¿era conductor, acompañante o testigo de algo que jamás debía contarse?

Y como si faltara una capa más de lodo, el parte médico y el acta de defunción también son señalados por inconsistencias sobre la hora y la causa del fallecimiento. Si la hora no coincide, el sitio no coincide, el video no coincide y el relato tampoco coincide, entonces lo único perfectamente coordinado fue el intento de que nadie preguntara demasiado.

Porque cuando se fabrica una escena del crimen, no se busca explicar una muerte. Se busca tapar algo más grande.

Huertos del Pedregal no fue un detalle incómodo en el expediente: fue el sitio donde la versión oficial empezó a hacer agua. Ahí, de acuerdo con la FGR, fue localizada sangre atribuida a Cuén; ahí convergen el asesinato del exrector y los hechos que desembocaron en la salida forzada de Zambada hacia Estados Unidos. 

Y frente a ese tamaño de agujero negro, no bastan boletines, ni videos borrosos, ni declaraciones acomodadas. Lo que sigue faltando es lo elemental: responsables, cadena de mando y una explicación que no insulte la inteligencia de los sinaloenses.

Que dijo Melesio Cuen antes de ser traicionado por Rocha y morir ejecutado 

Lo que dijo Melesio Cuén, es básicamente esto: Rocha y sus hijos pasaron de la hambre política a la dieta VIP de casas de 13 y 23 millones en cuestión de una campaña, y el origen de esos fondos huele más a gobierno y crimen que a sueldo de maestro de secundaria.

Del “nadie pelaba al maestro Rocha” al millonario exprés

Cuén recuerda en su podcast, antes de ser brutalmente ejecutado y de que las investigaciones del crimen quedaran empantanadas por el propio gobierno de Morena y de Rocha Moya, que cuando pactó apoyarlo, éste estaba políticamente arrinconado y económicamente seco: “nadie pelaba al maestro Rocha” y “no tenía dinero el maestro Rocha”.

Describe a José Rocha Ruiz, hijo del gobernador, como el tipo que cargaba el maletín de Mayra Peñuelas en Ciudad de México, viviendo de favores y sin capital propio, y a Ricardo Rocha Ruiz en una casa de interés social en la Conquista, pagándola poco a poco.

Incluso apunta que el senador Ricardo Monreal tuvo que prestarle 500 mil pesos para moverse, una radiografía de precariedad que contrasta brutalmente con lo que vino después del apoyo a Morena y a Rocha.

Cuando llegó Morena, llegó el dinero

El quiebre narrativo de Cuén es claro: “cuando nosotros tomamos la decisión de apoyar a Morena y al maestro Rocha, el dinero sobró”.

A partir de ese momento, dice, vio “dinerales” caer sobre la familia Rocha, tanto que al terminar la elección “se quedaron con mucho dinero y empezaron a comprar casas por todos lados”.

Lo que se sugiere aquí, con nombres y direcciones, es que la campaña no fue sólo la puerta al poder, sino la tubería por donde circuló dinero que después terminó convertido en ladrillos de lujo bajo la mirada y complicidad del entonces Delegado de Morena en Sinaloa,Americo Villarreal Anaya,hoy gobernador de Tamaulipas.

La ruta de las casas y las facturas

Cuén detalla una coreografía patrimonial muy concreta: Ricardo Rocha, que vivía en La Conquista, pasa a comprar una casa en un fraccionamiento privado detrás de la Chevrolet, en San Ángel, por un valor de 13 millones de pesos.

Según su relato, la casa se facturó por un monto menor —habla de unos 4.5 millones— cargados a la cuenta con la que se cerró la campaña, lo que implica usar la estructura financiera electoral para justificar una parte de una compra de alto valor.

El patrón se repite: menciona otra casa en Los Álamos, de 23 millones de pesos, y otra en La Primavera, donde ya vivían la hija y el hijo, pero que luego se “actualiza” a una casa de mucha mejor calidad, todo con fechas clave: 2020–2021, justo al cierre del ciclo electoral.

Del hambre al depredador: origen de los fondos

El contraste que subraya Cuén es casi pedagógico: mientras a él lo acusaban de facturar 400, 500, 600 mil pesos ben 5–6 años, a la familia Rocha la describe como “depredadora”, comprando propiedades de ocho cifras como si fueran electrodomésticos en oferta.

Remata con un gesto de reto: “yo no hablo por hablar. Si quieren les enseño todo. Les voy a demostrar es más todo”, sugiriendo que tenia documentos, facturas y fechas para sostener la narrativa de enriquecimiento acelerado, enseguida vino la ejecución.

En su lógica, el verdadero ladrón no es el aliado incómodo, sino el clan que pasa de la austeridad de interés social a un festival de fraccionamientos privados financiados, en buena medida, por dinero que se mezcla entre recursos de campaña, gobierno y, según los expedientes estadounidenses, estructuras ligadas al crimen organizado.

Con información: ADN NOTICIAS/

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