No es “la calor”; ésa es la coartada más cómoda cuando el fuego aparece donde conviene que aparezca. En Tamaulipas, bajo el gobierno de Morena y Américo Villarreal ,las llamas parecen tener una puntería administrativa digna de peritaje serio: el 27 de julio ardió el centro de distribución de PepsiCo-Sabritas en Matamoros y se consumieron decenas de unidades; la propia Fiscalía confirmó que fue un incendio intencional, con puntos de ignición sucesivos y aunque todavía no hay responsables ni móvil, si hubo animo de librar al crimen organizado.
Después vino Ciudad Victoria: primero el basurero municipal, y el 6 de agosto un incendio iniciado en pastizales alcanzó el depósito de la Secretaría de Seguridad Pública y el campo de tiro. Las autoridades aún deben establecer el origen, el número definitivo de patrullas destruidas y el costo del daño; es decir, por ahora no hay dictamen que permita afirmar que fue provocado.
Pero la pregunta no es si el sol de agosto aprendió a brincar bardas, escoger flotillas, entrar a empresas y prender focos estratégicos. La pregunta es por qué, en territorios donde el crimen organizado tiene presencia documentada,poder territorial y capacidad de fuego ademas sobrado poder de intimidación, cada incendio incómodo se intenta archivar bajo la recurrente condición de que no fue provocado,aun sin antes de transparentar peritajes, videos, cadena de custodia, responsables y posibles omisiones.
El incendio ocurre en un momento álgido de inseguridad y violencia, en medio de la aparente intención del Cártel del Golfo —que mantiene la supremacía criminal en Ciudad Victoria, por encima de Los Zetas del Cártel del Noreste— de apoderarse del control de la zona citrícola tras la captura del viejo narco Moncada. El hecho coincide, además, con algunos asesinatos recientes que habrían sido ya dolosamente ocultados.
Porque cuando se queman camiones, patrullas o instalaciones públicas, no basta con sofocar el fuego: hay que apagar también la tentación oficial de convertir la negligencia, la impunidad o el posible mensaje criminal en un accidente meteorológico. La calor derrite el asfalto; no debería derretir la obligación de investigar.
Con información: ELEFANTE BLANCO/ REDES

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