El episodio del mausoleo florido en Zapopan es, más que un homenaje de “hijo amoroso”, la foto nítida de un cártel que también se hereda como si fuera rancho familiar: el CJNG versión dinastía, con JP luciendo el título de capo por línea sanguínea.
El altar del padre patriarca
En pleno Día del Padre, la tumba de Nemesio Oseguera en el Recinto de la Paz amaneció tapizada de arreglos de rosas rojas tamaño mitin priista, rematados con la dedicatoria cursi: “Para mi padre, de parte de tu hijo JP, te amo papá”.
Es el narco–kitsch elevado a propaganda: flores de lujo, mensaje “familiar” y el guiño público de que la sucesión está resuelta, como si se tratara del retrato oficial de la nueva administración criminal.
Heredero por consigna
Juan Carlos Valencia González, alias “El 03”, “JP”, “Pelón”, es señalado por autoridades de México y de Estados Unidos como quien asumió el liderazgo del CJNG tras la muerte de “El Mencho”.
No se trata de un improvisado: expedientes judiciales lo colocan en los altos mandos del grupo desde 2007, con cargos por conspirar para importar cocaína y metanfetaminas y una recompensa de hasta cinco millones de dólares en su cabeza.
Familia, crimen y legado
La postal que se quiso vender es la del hijastro devoto: Juan Carlos es hijo biológico de Armando Valencia Cornelio, fundador del extinto Cártel del Milenio, y fue “adoptado” en la tradición más mexicana posible: casándose su madre con el futuro capo de las cuatro letras.
En este árbol genealógico, el ADN no se hereda solo; se heredan rutas, operadores y una estructura criminal que ya venía montada desde el Milenio hacia lo que después sería el CJNG.
El linaje del caos
Tras la muerte de “El Mencho” en febrero, durante un operativo militar en Jalisco, el CJNG respondió con narcobloqueos, vehículos incendiados y caos en al menos cinco estados y hasta 20 entidades según distintos reportes, para dejar claro que el apellido seguía mandando.
La escena del cementerio, con mausoleo y rosas, es el capítulo de relaciones públicas de ese mismo mensaje: la violencia se combina con el melodrama, y el “te amo papá” sirve de slogan para recordar quién sigue cobrando la nómina del terror.
Con información: EL FINANCIERO/

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