La Presidenta Claudia Sheinbaum reprochó que el Gobierno de Estados Unidos no ha concedido la extradición de personas solicitadas por México, entre ellas el ex Gobernador panista de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, y el empresario Víctor Manuel Álvarez Puga, vinculado a una red de factureras.
En el pizarrón de la política mexicana,Sheinbaum decidió explicar desde la mañanera, la justicia internacional con regla, compás… y memoria selectiva. Según su más reciente clase magistral en Palacio Nacional, el problema de las extradiciones no es de voluntad, sino de “reciprocidad”: México ha pedido 269 entregas a Estados Unidos desde 2018 y no ha recibido ni una. Cero. Nada. Ni un exgobernador, ni un facturero, ni un pez medianamente gordo.
Hasta ahí, el argumento suena técnico, casi institucional. Pero basta rascarle tantito para ver que la geometría no es tan neutra: la línea recta que se exige para unos, se curva convenientemente para otros.
Porque mientras desde el atril se reclama que Washington no suelta a personajes como Francisco Javier García Cabeza de Vaca o el facturero VIP Víctor Manuel Álvarez Puga, la misma vara se usa —con sospechosa precisión quirúrgica— para frenar cualquier intento de avanzar contra Rubén Rocha Moya, el gobernador de Sinaloa incómodamente salpicado por señalamientos de vínculos con el Cártel de Sinaloa.
Ahí sí: “preséntenme pruebas”. Muchas. Detalladas. Irrefutables. Casi con notario.
La Presidenta insiste en que no hay política en la decisión, que todo es legalidad pura, casi aséptica. Pero el calculo y la intensidad del argumento dicen otra cosa: más que un principio jurídico consistente, parece un escudo discursivo hecho a la medida de Rocha Moya. Un “no es personal” que suena peligrosamente personal.
Y es que el discurso de la reciprocidad tiene doble filo. Sí, Estados Unidos pide pruebas antes de extraditar —como bien recordó Sheinbaum—, pero también resuelve casos, procesa solicitudes y, sobre todo, no convierte cada expediente incómodo en un debate semántico eterno.
En México, en cambio, la exigencia de pruebas se vuelve una especie de purgatorio burocrático: suficiente para congelar casos sensibles, pero nunca lo bastante ágil para incomodar a los aliados correctos.
Mientras tanto, la narrativa oficial intenta meter todo en el mismo costal: Cabeza de Vaca, factureros, Ayotzinapa… y de paso justificar por qué no se actúa con la misma prisa cuando el señalamiento apunta hacia Sinaloa. Una mezcla donde lo jurídico sirve más como coartada que como motor.
El canciller Roberto Velasco aporta los datos duros: 36 casos negados, 233 en el limbo procesal, y decenas de solicitudes donde Estados Unidos pide más información. Todo dentro de la normalidad del tratado bilateral. Pero lo que no entra en la estadística es el uso político del discurso: cuándo la falta de extradiciones es indignante… y cuándo es conveniente.
Porque al final, la famosa “geometría” de los extraditables — sí tiene una línea recta: quien está del lado equivocado del poder debe entregarse o será exhibido como prófugo; quien está del lado correcto, en cambio, obtiene tiempo, dudas razonables… y un gobierno dispuesto a pedir “más pruebas” hasta que el tema se desgaste.
No es falta de cooperación internacional. Es administración selectiva de la exigencia.
Y en ese tablero, Rocha Moya no es un punto más: es el centro del trazo.
La postura presidencial es una variante más sofisticada del clásico “y tú más” que ya se volvió doctrina defensiva.
La estructura es casi calcada:
- Se presenta una crítica actual (el caso Rocha Moya).
- En lugar de responder al fondo, se desplaza la conversación hacia agravios pasados (García Luna, Calderón, etc.).
- Se construye una equivalencia moral: “como antes también pasaba, no tienes autoridad para cuestionar ahora”.
En el caso de Sheinbaum, el giro es más técnico pero la lógica es la misma:
no responde directamente si hay o no elementos contra Rocha, sino que mueve el foco a la falta de reciprocidad de EE.UU. en 269 extradiciones. Es decir, cambia el eje del debate.
Con informacion: ELNORTE/

The duplicity of governments around the world have scandals and corruption but Mexicos is on a different level where they dont even try that hard to hide what they are doing..AMLOs brother on video taking bags of money was glaring but was swept under the carpet without much fanfare..
ResponderBorrarWhat a nice old guy AMLO is 'hugs not bullets' he is so nice i dont believe he could do any wrong no matter the evidence even if i see it with my own eyes..
Anyone want to buy a flying pig that shits gold ?