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jueves, 7 de mayo de 2026

«PENSIONES y DEUDA VAN de la MANO»: «FINANZAS EXHIBEN al GOBIERNO COMPRANDO ESTABILIDAD con DINERO que NO TIENE»…estamos pagando el presente con tarjeta de crédito.


El gasto en pensiones y el nivel de la deuda pública tocaron un nuevo récord desde que entró el Gobierno de la 4T, que ahora encabeza Claudia Sheinbaum.

En México ya dominamos una disciplina fiscal bastante creativa:repartir dinero hoy… aunque haya que pedirlo prestado mañana. Porque mientras el discurso oficial presume “bienestar”, los números cuentan otra historia menos romántica y más endeudada.

Arranquemos con lo básico: en el primer trimestre de 2026, el gasto en pensiones —tanto las que sí se cotizaron como las que se reparten por política social— se disparó a 619 mil 258 millones de pesos. Es decir, 6.5% más que el año pasado y el nivel más alto en casi una década. 

Traducido al español no técnico: cada vez cuesta más sostener la promesa de que el Estado te va a mantener en la vejez… aunque no haya cómo financiarlo sin tensar la cuerda.

Pero aquí viene el truco completo: mientras el gobierno reparte, la deuda también crece. Para marzo de 2026, la deuda total del sector público ya alcanzó los 20.1 billones de pesos, equivalente al 53.9% del PIB. O sea, más de la mitad de todo lo que produce el país en un año ya está comprometido. 

No es metáfora: estamos pagando el presente con tarjeta de crédito.

Y si alguien cree que esto es nuevo, basta ver la evolución. En 2017, las pensiones sociales —esas que no dependen de haber trabajado ni cotizado— costaban 14 mil millones en el primer trimestre. Hoy cuestan 195 mil millones. Un salto brutal que no se explica por inflación ni por demografía, sino por decisiones políticas claras: ampliar beneficios sin construir ingresos suficientes para sostenerlos.

Las pensiones contributivas tampoco se quedan atrás: pasaron de 261 mil millones a 424 mil millones en el mismo periodo. Es decir, tanto lo que se prometió a quienes cotizaron como lo que se reparte vía programas sociales están creciendo al mismo tiempo. Y ninguno tiene freno.

El problema, como lo señala Integralia, no es solo el monto, sino la estructura: estos gastos no bajan, no se ajustan y no tienen reversa política. A eso súmale el costo de la deuda, que también sube, y tienes la tormenta perfecta: cada año más dinero comprometido en obligaciones que no generan crecimiento, pero sí presión fiscal.

En pocas palabras: el gobierno está comprando estabilidad política inmediata con dinero que todavía no tiene. Y esa cuenta, como siempre, no la paga quien reparte, sino quien se queda cuando llega el corte.

Porque en México ya quedó claro el modelo: primero se promete, luego se reparte… y al final, se financia como se pueda.

Con informacion: ELNORTE/

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