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viernes, 15 de mayo de 2026

«GENERAL SI NOS LEE y YA se ENTREGÓ: EX-SECRETARIO de SSP de ROCHA MOYA TOMÓ la MEJOR DECISIÓN y YA esta en SUELO GRINGO»…en Mexico aun creen que provocar el atraso,es fracaso.


En el mundo de los “extraditables” hay dos caminos: el de la fantasía heroica del prófugo —esa que termina en un cerro, en una brecha o en una fosa— y el de la aritmética fría: entregarse. Gerardo Mérida Sánchez, general en retiro y ex secretario de Seguridad Pública de Sinaloa, entendió algo que muchos en su gremio se niegan a aceptar hasta que es demasiado tarde: cuando el expediente ya cruzó la frontera, la fuga no es resistencia… es retrasar lo inevitable.

El 11 de mayo no hubo persecución espectacular, ni operativo cinematográfico. Hubo cálculo. Mérida cruzó por la Garita de Nogales y se puso en manos de los US Marshals. Sin disparos, sin show, sin esa narrativa desgastada del “me están persiguiendo por razones políticas”. Lo que hubo fue una decisión quirúrgica: evitar el desgaste, evitar el escándalo mayor y, sobre todo, evitar convertirse en trofeo de captura.

Porque hay que decirlo sin rodeos: cuando el Distrito Sur de Nueva York abre carpeta —y además la mantiene bajo sello— no estamos ante una investigación improvisada. Estamos ante un expediente cocinado a fuego lento, con cooperación internacional, con testigos, con inteligencia financiera y, muy probablemente, con nombres que todavía no salen a la superficie.

Mérida no se entregó por nobleza ni por patriotismo. Se entregó porque entendió la geometría del problema: una sola ruta recta. Resistirse como prófugo no defiende honor alguno; lo pulveriza. La narrativa del “me persiguen” se cae en cuanto aparecen las primeras transferencias, los primeros cruces de comunicaciones, las primeras coincidencias incómodas.

En dos minutos de audiencia en Tucson, renunció a pelear identidad y aceptó el traslado a Nueva York. Dos minutos. Eso no es improvisación; es estrategia. Es alguien que sabe que el pleito no está en Sonora, ni en Arizona, ni en los discursos locales. El pleito está en Manhattan, donde las reglas no se negocian con declaraciones de prensa,ni pidiendo pruebas para convertir en fracaso algo que solo sería mero atraso. 

Las acusaciones —conspiración para importar narcóticos y manejo de armamento de alto poder— no son menores ni decorativas. Son delitos federales diseñados para construir casos largos, sólidos y, sobre todo, escalables. Es decir: no terminan en un solo nombre.

Y aquí es donde el contexto pesa más que el comunicado oficial. La entrega ocurre mientras Sinaloa vuelve a estar bajo lupa internacional, con expedientes que rozan a funcionarios, ex funcionarios y estructuras completas de poder. No es un caso aislado; es una pieza dentro de un rompecabezas más grande que apenas empieza a mostrar bordes.

Así que no, Mérida no “cayó”. Tampoco “resistió”. Hizo lo que hacen los que entienden que el margen de maniobra ya no está en México: adelantarse a la maquinaria judicial estadounidense para intentar negociar desde una posición menos desventajosa.

Porque en este juego, la diferencia entre entregarse y ser capturado no es moral, es procesal. Y esa diferencia puede significar años de sentencia… o décadas.

Los que siguen jugando a la épica del prófugo harían bien en tomar nota: cuando la línea ya está trazada, no hay curva que te salve.

Con informacion: ELNORTE/

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