Tras el escandalo por narcotrafico del Gobernador de Morena en Sinaloa,Ruben Rocha Moya y la evidente proteccion que esta recibiendo, cobra especial relevancia los dichos de Ramón Alberto Garza editor de CODIGO MAGENTA y Rosario Robles, Ex-jefa de Gobierno de la CDMX, quien sostienen una tesis fundada que conecta hechos ya documentados, sobre el financiamiento ilegal de campañas de Morena y de gobernadores y que apuntan como beneficiaria a la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que la deja vulnerable política y jurídicamente frente a Washington.
Lo que afirman Robles y Garza
Ellos plantean, en esencia, tres ideas:
- Que la silla presidencial de Sheinbaum es producto de una “operación política” cimentada en financiamiento ilícito a campañas estatales y federales de Morena.
- Que ese financiamiento provino de “dinero sucio” (huachicol, crimen organizado, desvío de recursos públicos) operado por gobernadores y operadores financieros, que luego se tradujo en apoyo a la campaña presidencial de 2024.
- Que ese origen la deja atrapada entre sus benefactores internos y la presión de Estados Unidos: si entrega a sus protectores, éstos pueden exhibir pruebas de que ese dinero también financió su llegada a la presidencia.
La conclusión política que extraen es que Sheinbaum debería sentarse con los norteamericanos a deslindarse personalmente, dejando el costo jurídico y penal sobre el partido y sus operadores,Mario Delgado, gobernadores, operadores financieros, y no sobre la institución presidencial.
Evidencias sobre financiamiento ilícito a Morena
Aunque nadie ha acreditado judicialmente que la campaña presidencial de Sheinbaum fue financiada con recursos ilícitos, sí existen piezas documentadas que sustentan el diagnóstico estructural de Robles y Garza: que el sistema de financiamiento de Morena se nutre de recursos ilegales y clientelares.

En 2024, senadores del PAN y del PRI presentaron denuncia ante la FGR por presunto financiamiento ilegal de campañas de Morena, a partir de videos donde el operador Horacio García Rojas detalla esquemas de financiamiento con dinero del huachicol, crimen organizado y desvío de programas sociales, incluyendo montos de más de 500 millones de pesos a campañas morenistas en 2021.
Según esas denuncias y notas de prensa, parte de esos recursos habría ido a campañas de gobernadores como Américo Villarreal en Tamaulipas, con promesas de contratos y protección a negocios ilegales como el huachicol fiscal, lo que describe un entramado mafioso de financiamiento electoral y corrupción.
Estudios académicos y jurídicos sobre el financiamiento ilegal en México documentan que la mezcla de recursos públicos desviados, contratistas y crimen organizado ha sido una constante de las campañas de distintos partidos, y Morena no es la excepción estructural, sino la versión actualizada de prácticas históricas.
En ese sentido, la premisa “gobernadores financiaron campañas de manera ilícita que contribuyeron al triunfo de la presidenta y ahora esta les debe favores” ,no es una invención absoluta, sino una extrapolación política a partir de patrones ya descritos y denunciados formalmente.
Vulnerabilidad de Sheinbaum frente a Washington
La otra parte del argumento es geopolítica: que Estados Unidos tiene pruebas de qué campaña presidencial se financió con dinero sucio y puede utilizarlas como herramienta de presión, ya sea vía investigaciones de lavado, cooperación judicial o declaraciones políticas. No es atrevido presumir que EE.UU tiene a narcopoliticos de Mexico en sus manos.
En ese contexto, la hipótesis de Robles y Garza —una presidenta sentada en La Silla con un expediente abierto o potencial en manos de Washington— es consistente con la experiencia comparada de cómo Estados Unidos opera estos casos, aunque siga siendo una lectura política más que un hecho probado públicamente sobre Sheinbaum.
La lógica del “te entregamos o te hundimos”
La frase central es el chantaje: “si nos entregas a alguno de nosotros, nosotros te entregamos a ti, porque el dinero sucio que nos atribuyeron a nosotros fue el que financió tu llegada a la presidencia”. Esa lógica tiene asidero en la manera en que han caído otros regímenes atrapados en redes de financiamiento ilícito.
Cuando la estructura de financiamiento se sostiene en pactos criminales y desvíos, los operadores clave —gobernadores, empresarios, intermediarios— acumulan pruebas (transferencias, grabaciones, acuerdos) que usan como seguro de vida frente al poder central: si caen, exhiben la cadena completa.
En sistemas clientelares, el liderazgo nacional suele “deber” su ascenso a redes territoriales que aportan votos y dinero; cuando ese liderazgo intenta purgar a sus aliados por presión externa, se activa la lógica de “mutuo aseguramiento destructivo”: tú sabes de mí, yo sé de ti.
En ese sentido, el razonamiento de Robles y Garza se sostiene en la lógica interna de la narcopolítica y el financiamiento clandestino: una presidenta que debe su victoria a una red de financiamiento ilícito no puede castigar selectivamente sin arriesgar que se expongan pruebas sobre su propio beneficio.
La propuesta de deslinde frente a Estados Unidos
La salida que plantean —que la presidenta se siente con los norteamericanos a decir “yo no tuve que ver con eso, el financiamiento lo va a dejar el partido” y que el costo lo cargue Mario Delgado y la estructura de Morena— es una estrategia clásica de contención de daños en escándalos de financiamiento ilegal.
- En otros países, cuando se descubren redes de financiamiento ilícito, las élites suelen intentar cortar el hilo por el “partido” o algunos operadores, declarando que la institución del Estado y el liderazgo en turno no conocían los detalles, y ofreciendo chivos expiatorios para calmar a Washington o a las agencias anticorrupción.
- Sin embargo, esa estrategia sólo funciona si Estados Unidos y la opinión pública aceptan la narrativa de que la cúpula presidencial era ajena a los esquemas, algo que se vuelve menos creíble cuando el volumen, la sistematicidad y la cercanía de los operadores (gobernadores, jefes estatales) son evidentes.
Por eso, la pregunta que formulan sobre la declaración de Trump —“No estoy contento, ¿qué te va a tener contento?”— apunta a que Estados Unidos difícilmente se conformará con sacrificios menores si percibe que el problema es estructural y alcanza a la propia presidencia.
Con informacion: Youtube/

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