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jueves, 16 de abril de 2026

«TODAS IMPUNES»: «CAMPAÑA de EXTERMINIO de POLICIAS del CARTEL de SINALOA MASACRA OTRO TRANSITO en CULIACAN entre MAS de 3,000 MASACRES-4T»…la cifra avanza vertiginosa al centenar de unifomados.


La estrategia federal en Sinaloa ya no se sostiene ni con boletines, ni con conferencias, ni con el viejo truco de anunciar operativos cada vez que el crimen le vuelve a poner la bota en el cuello al Estado. Mientras el discurso oficial insiste en que “no habrá impunidad”, la realidad sigue exhibiendo lo contrario: policías asesinados, expedientes dormidos y homicidas que siguen trabajando como si nada.

Ya vamos rozando una cifra indecente: casi un centenar de agentes caídos en la era Harfuch, y la respuesta institucional sigue pareciendo una mezcla de consuelo burocrático y propaganda de guerra perdida. Si el gobierno federal presume coordinación, en Sinaloa esa coordinación no ha servido para proteger ni a quienes portan uniforme, que son precisamente los primeros que el crimen elige para mandar el mensaje de que manda él.

El mensaje criminal

El asesinato del policía de Tránsito Jesús Felipe, de 43 años, ocurrido ayer cuando estaba franco en Culiacán, es otra prueba brutal de que las facciones del Cártel de Sinaloa no sólo siguen activas: siguen marcando territorio con impunidad quirúrgica. Lo mataron en plena calle, en su día de descanso, como quien ejecuta una advertencia pública para dejar claro que ni el uniforme ni la rutina diaria ofrecen refugio.

Y eso es lo peor: no estamos ante hechos aislados, sino ante una campaña sostenida de exterminio contra policías municipales, estatales y federales, mientras el Estado responde con el mismo libreto de siempre. Cada asesinato “se investiga”, cada operativo “se coordina” y cada agresor “será detenido”, pero en la práctica la cuenta de policías muertos sigue creciendo y la de resultados reales sigue en cero o casi cero.

Un Estado reactivo

El problema no es sólo la violencia del cártel; es la vocación reactiva del gobierno, que llega tarde, se mueve a trompicones y vende como avance cualquier despliegue que no impide el siguiente ataque. Sinaloa se convirtió en laboratorio del fracaso federal: demasiada retórica, demasiada presencia visible y demasiada incapacidad para desmantelar a las redes que siguen operando con logística, inteligencia y capacidad de fuego.

La versión oficial insiste en que la paz está en camino, pero los hechos dicen otra cosa: si un policía puede ser asesinado en su descanso y si los homicidios de agentes ya se cuentan por decenas, entonces la estrategia no está conteniendo nada, sólo está administrando la tragedia. El poder público actúa como si la violencia fuera un accidente meteorológico, cuando en realidad es una derrota de inteligencia, de prevención y de Estado.

Lo que debería decirse

La pregunta ya no es cuántos operativos anunciarán o cuantos son exitosos, sino por qué el Estado mexicano no ha podido proteger a su propia policía en una entidad donde el crimen organizado sigue marcando la agenda. Porque cuando los agresores disparan, huyen y repiten, lo que queda al descubierto no es la “valentía” del gobierno, sino su impotencia.

Y mientras no haya detenciones de impacto que si impacten, desarticulación financiera y golpes reales a las estructuras armadas de las dos facciones del Cártel de Sinaloa, todo lo demás será maquillaje. En Sinaloa ya no basta con decir que no habrá impunidad: hay que demostrarlo, y hasta ahora la evidencia más visible es la impunidad misma.

Con informacion: NOROESTE/

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