El lunes 9 de marzo, tras las críticas por los XV años de su hija, el empresario petrolero Juan Carlos Guerrero García envió una carta a Claudia Sheinbaum para disculparse por «representar un problema adicional» a su gobierno. Cursi y empalagoso, invocó una cuna humilde, una reciente operación a corazón abierto y hasta la promesa de donar la mitad de sus ingresos a obras benéficas.
La carta omite que sus contratos más cuantiosos, 641009837 y 641003824 por cerca de 4 mil millones de pesos, llegaron en el sexenio de López Obrador, con Adán Augusto López en Gobernación.
Una semana después de enviar la carta, el dueño de Petroservicios Integrales México endureció el tono y amagó con paralizar la producción de Pemex si continuaban las indagatorias en su contra. La cifra en juego: 33,500 barriles diarios de crudo y 450 millones de pies cúbicos de gas.
Funcionó la amenaza, bastaron los respaldos públicos del gobernador Javier May y de su secretario de gobierno, José Ramiro López Obrador, para blindarse. Con ese apoyo del Grupo Tabasco quedaron neutralizadas tres indagatorias pendientes sobre asignación directa, cumplimiento y alianzas de los contratos.
Dentro de Pemex se sabe que Guerrero García fue más directo con los funcionarios que con la Presidenta: advirtió que si la UIF le congelaba las cuentas, dejaría de pagar a sus proveedores y la producción se detendría. Asunto resuelto.
Con informacion: ELUNIVERSAL+/LUIS CARDENAS/

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