Finalmente, y contra todo pronóstico optimista de Palacio Nacional, el Tren Suburbano que conecta la CDMX con el AIFA fue inaugurado. Sí, ese mismo que debía estar listo en 2023, según la palabra presidencial de Andrés Manuel López Obrador, pero que terminó llegando con dos años de retraso y una factura que superó los 25 mil millones de pesos. Porque en la 4T, las promesas no se rompen… solo se posponen.
La presidenta Claudia Sheinbaum, en un ejercicio de honestidad cuidadosamente dosificada, reconoció que hubo “problemas” en la construcción. Traducción: conflictos sociales, negociaciones atoradas y, en términos más claros, la incapacidad de conciliar obras faraónicas con las comunidades que terminan pagándolas en territorio y desgaste. Pero no fueron “problemas”, aclaró, sino “acuerdos con los pueblos”. Un eufemismo elegante para lo que en cualquier otra administración sería crisis de gestión.

Aun así, rodeada de gobernadores, secretarios, militares y todo el aparato institucional listo para la foto, Sheinbaum declaró sin rubor que con esta obra “se cumple con el pueblo de México”. Porque en el manual político, cumplir no implica hacerlo a tiempo ni dentro del presupuesto, sino eventualmente cortar el listón.
Y como si se tratara de una operación militar —porque últimamente todo lo es—, la presidenta remató con un solemne “misión cumplida”, citando a las Fuerzas Armadas, esas mismas que hoy no solo construyen aeropuertos y trenes, sino que también se han convertido en el brazo ejecutor de la infraestructura nacional pletórica de corrupción.
El recorrido inaugural, de Buenavista al AIFA, pretende vender la idea de una red ferroviaria en expansión que conectará eventualmente con Pachuca, Querétaro y hasta Nuevo León. Por ahora, lo concreto es un trayecto de 41 kilómetros que promete hacerse en una hora… siempre y cuando la realidad no decida intervenir.
El costo del viaje será de 45 pesos, con trenes cada 30 minutos —aunque prometen reducirlos a 12, como quien promete bajar la inflación— y una capacidad de 719 pasajeros por vagón. Todo operado con la Tarjeta de Movilidad Integrada, porque modernidad no falta… aunque la planeación haya llegado tarde.
Eso sí, no faltó el toque simbólico: la propuesta de nombrar la última estación en honor a Clara Kraus, esposa de Felipe Ángeles, en un intento por mezclar infraestructura, memoria histórica y narrativa oficial en una sola parada.
Mientras tanto, el gobierno presume que 82 mil pasajeros diarios usarán esta vía. Una cifra optimista para un aeropuerto que, hasta ahora, ha tenido más discursos que vuelos.
Así, entre retrasos, sobrecostos y discursos triunfalistas, el Tren Suburbano al AIFA se suma a la colección de obras emblemáticas del sexenio: esas que siempre llegan, pero nunca como se prometieron.
Con informacion:ELNORTE/

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