El siempre bien enterado periodista Salvador Garcia Soto,advierte hoy en EL UNIVERSAL que en los últimos 16 meses y desde que asumió el poder la presidenta Sheinbaum, el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), a través de su Secretariado Ejecutivo, ha reportado un descenso constante y considerable del principal indicador de violencia criminal en el país: loshomicidios dolosos.
Entre septiembre del 2024 y marzo de este 2026, el organismo ha reportado una disminución del 45% de los homicidios dolosos en el país, con un promedio diario de víctimas que pasó de 89.6 en el cierre del gobierno de López Obrador, a 50.9 hasta el mes pasado, lo que representa el nivel más bajo en la incidencia de ese delito en los últimos 11 años.
Sin embargo,la lectura irreverente es esta: el gobierno sí trae una caída estadística en homicidios, pero el país no necesariamente trae una caída real en violencia. La foto oficial presume una baja de 44% a 45% en el promedio diario de homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y febrero/marzo de 2026, pero esa “hazaña” llega acompañada de cambios metodológicos, reclasificaciones y una narrativa que parece más diseñada para el micrófono de la mañanera que para describir la calle
En el lenguaje de Palacio, eso suena a “éxito”; en lenguaje periodístico, eso exige revisar si bajó el delito o si movieron las piezas del tablero.
El truco de la numeralia
La informacion publicada hoy por Garcia Soto,muy coincidente con otras afirmaciones en el mismo sentido,apunta al punto más delicado: al cambiar la clasificación de delitos y sacar ciertas conductas de categorías amplias como “otros delitos contra la vida y la integridad”, los estados pueden reportar menos homicidios dolosos sin que necesariamente haya menos muertos violentos. Eso no significa automáticamente falsificación, pero sí una comparación menos limpia y más fácil de maquillar.
Dicho sin adorno: si cambias la regla del conteo, luego no presumas que el partido se ganó “limpio” porque el marcador se ve bonito.
La calle cuenta otra historia
La percepción de inseguridad no mejora al mismo ritmo que la estadística porque la violencia cotidiana sigue viva en ejecuciones, masacres, desapariciones y extorsiones. La propia cobertura que acompañó la bajada oficial reconoce que otros delitos de alto impacto también bajan, pero la violencia regional sigue concentrada en pocos estados y el conflicto criminal no desaparece por decreto. En otras palabras: el gobierno puede bajar la tasa, pero no desactivar el miedo ni borrar el ruido de las balas.
La moraleja política
El saldo político es bastante claro: gobierno federal y varios gobiernos estatales ganan con el mismo libreto, mientras venden una mejoría que los ciudadanos no siempre sienten. El problema no es solo la cifra; es la tentación de convertir la cifra en propaganda, como si la realidad se acomodara por repetición en la mañanera. Y cuando la estadística se vuelve escenografía, el mensaje final es brutal: menos homicidios en el PowerPoint, pero el país sigue oliendo a violencia y mucha, no importa si son policias y estan armados.
Con informacion: ELUNIVERSAL+/SALVADOR GARCIA SOTO/

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