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jueves, 23 de abril de 2026

«35 BUSCADORES MASACRADOS»: «EXPONEN al ALTO COMISONADO de la ONU el SALDO de BUSCAR DESPARECIDOS en MEXICO»…no es que falle el sistema, el sistema no existe.


En México, buscar a un desaparecido no solo implica enfrentarse al silencio del Estado, sino también jugarse la vida. Así lo dejó claro Socorro Gil, integrante del colectivo Memoria, Verdad y Justicia de Acapulco, quien acudió a decirle en la cara al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, lo que aquí ya sabemos: la tragedia no solo continúa, sino que se castiga.

Desde 2018, Socorro busca a su hijo Jonathan Romero Gil, desaparecido —porque así le dicen en el lenguaje institucional— por nueve policías en Acapulco. Es decir, no se perdió: se lo llevaron quienes juraban protegerlo. En ese contexto, le soltó a Türk una cifra que debería incendiar cualquier oficina pública: 35 familiares de desaparecidos han sido asesinados en México. Ocho de ellos, mientras hacían el trabajo que el Estado abandonó: buscar.

El Alto Comisionado escuchó. Doce testimonios. Cero comentarios. Un silencio diplomático que, en territorio mexicano, suele traducirse como “gracias por su denuncia, la archivaremos junto a las demás”. Aun así, Socorro mantiene la esperanza —o la terquedad— de que algo se mueva. Que el Estado reaccione. Que deje de fingir.

Porque en Guerrero, la cosa no es que falle el sistema: es que ni siquiera existe. No hay ley estatal en materia de desaparición forzada. No hay garantías. No hay respeto para las madres buscadoras. Lo que sí hay es abandono institucional perfectamente administrado.

“Vaya usted a Guerrero”, le dijo Socorro a Türk, casi como reto, casi como advertencia. Que vea por sí mismo que las familias salen a buscar fosas sin apoyo, sin protección y, muchas veces, con la certeza de que podrían no regresar.

La escena no es nueva, pero sí cada vez más obscena: colectivos haciendo de peritos, policías ausentes o implicados, gobiernos maquillando cifras y organismos internacionales tomando nota en voz baja. Mientras tanto, la desaparición en México —como bien dijo Socorro— no es pasado: es presente continuo, herida abierta y política pública no declarada.

Porque si algo dejó claro esta reunión es que aquí no solo desaparecen personas. También desaparece la responsabilidad del Estado, sustituida por censos opacos, datos ambiguos y discursos que intentan convertir el horror en estadística manejable.

Socorro Gil habló en representación del Campamento de Las y Los Desaparecidos de la Ciudad de México. Pero en realidad, habló por miles. Y lo hizo en un país donde decir la verdad sigue siendo una actividad de alto riesgo.

Con informacion: ELNORTE/

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