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lunes, 9 de marzo de 2026

«YA se DOBLÓ el 85»: EL «FIERO del CARTEL de JALISCO que SI LLEGÓ VIVO a la EXTRADICIÓN y NO le CANCELARON el CASTIGO como al MENCHO»…se ahorró el juicio, la humillación pública, la foto con uniforme naranja.


Erick Valencia, “El 85”, el mismo que se vendía como fundador sanguinario del poderoso Cartel del Jalisco (CJNG), ya está apuntado para hacer lo que tanto presumía que nunca haría: doblarse en una corte gringa.

El “sanguinario” que descubrió el miedo

En Washington ya hay fecha para que el temido capo levante la mano y diga “sí, señor juez, soy culpable”: 7 de abril, corte federal, acuerdo con la Fiscalía y adiós a la pose de intocable.

El hombre por el que la DEA ofrecía hasta 5 millones de dólares ahora corre a negociar como cualquier politiquillo agarrado con los fajos en la maleta.

De cofundador a cooperador

El 85 no nada más se va a declarar culpable, todo indica que va en modo “colaborador”, o sea, a cantar lo que sabe para intentar rasurar años de cárcel.

Lo mismo caminito que ya tomaron otros barones: primero muy machos, luego muy “estratégicos” cuando ven la cadena perpetua de cerca.

El que juraba nunca entregarse

Este era el cofundador del CJNG, exsocio del Mencho, pieza clave del narco que se vendía como hombre de guerra, no de juzgado.

Hoy su gran jugada es cambiar su declaración de no culpable, renunciar al juicio y suplicar beneficios ante el mismo sistema que decía despreciar.

La foto final: puro “ya se dobló”

Al final la historia queda así: México lo extradita en combo con otros 28 capos, Estados Unidos lo sienta frente al juez y el supuesto monstruo del CJNG termina formado en la fila de los que piden trato para seguramente empinar al mismo sistema que lo extraditó.

Para un tipo que construyó fama de implacable, no hay descripción más precisa que esta: ya se dobló, y ahora falta ver a quién se lleva entre las piernas mientras canta.

El Mencho suertudo

Al Mencho lo borraron de varios plomazos y ya no podra cantar,al 85 lo van a borrar de a poquito, día tras día, en una celda sin corridos ni fusca ni halcones. Ahí está la diferencia: al muerto lo convierten en mito, pero al preso lo convierten en ejemplo.

La muerte del Mencho fue, en el fondo, la cancelación del castigo: se ahorró el juicio, la humillación pública, la foto con uniforme naranja y el calendario eterno de audiencias. El que sí va a pagar es el que se pudra vivo, mirando el reloj sin poder comprar ni un minuto, sin escoltas, sin radio, sin poder ordenar ni una vuelta a la tienda.

Al final, la tumba es descanso; la cárcel, no. La muerte le ahorra al narco la vergüenza, la soledad y el olvido. La verdadera condena no es caer abatido, es vivir suficiente para entender que ya no mandas ni sobre tu hora de recreo.

Con informacion: MILENIO/

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