En la secundaria Luz María Zaleta de Elsner, en Playa del Carmen, Quintana Roo, un maestro decidió tirar su vocación por el escusado y dedicarse a algo más siniestro: jugar con la confianza de las alumnas. Rubén “N”, supuesto “mentor” de Tecnología e Informática, terminó ayer jueves esposado, y directo al Ministerio Público, acusado de corrupción de menores.
Según testimonios, el profesor no solo habría cruzado las líneas éticas, sino también las químicas: presuntamente drogó a sus alumnas con una pastilla amarilla durante el receso. Lo que empezó como una clase terminó como escena de emergencia, con ambulancias llegando al plantel y estudiantes intoxicadas siendo trasladadas al hospital.
Mientras tanto, los demás docentes —esos que deberían haber dado la cara— permanecieron congelados en actitud de “esto no es mi asunto”, como si el silencio fuera parte del horario escolar.
Así, entre pastillas, omisiones y un casco de protección, la imagen del maestro como guía se desmorona. Queda el retrato de un sistema educativo que no solo falla en enseñar, sino también en proteger.
Con informacion: ELNORTE/

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