Mientras el gobierno sueña con estadios relucientes, pantallas gigantes y turistas con camiseta nueva, las madres buscadoras decidieron ponerle un espejo al Mundial: en México hay una crisis de desapariciones que no se resuelve con propaganda ni con inauguraciones de relumbrón. La advertencia fue brutal y precisa: si algún aficionado viene y desaparece, no lo van a encontrar. Y no es una frase para escandalizar; es el retrato más crudo de un país donde la ausencia ya se volvió rutina.
El “ensayo” del dolor
Las familias buscaron convertir el recorrido rumbo al estadio en una especie de ensayo general de lo que piensan hacer durante la inauguración del Mundial 2026: llevar fichas de búsqueda, lonas y consignas para recordar que, antes de cantar goles, hay miles de personas que siguen sin aparecer. La escena es demoledora porque rompe el decorado oficial: mientras las autoridades venden la capital como escaparate internacional, las buscadoras exhiben el verdadero rostro de la ciudad, ese que no sale en los promocionales.
La fiesta de la negación
El mensaje de fondo es tan simple como incómodo: no puede haber celebración mientras el país sigue administrando desapariciones con indiferencia, lentitud y una burocracia que parece diseñada para cansar a las víctimas. En la CDMX, además, la propia cobertura del tema subraya que sólo en los primeros tres meses de 2026 hubo 711 casos, con 251 personas aún no localizadas, una cifra que vuelve obscena cualquier discurso triunfalista sobre modernidad o seguridad.
Lo que el Mundial no tapa
La protesta no busca estorbar un partido; busca arruinar la mentira. Porque ese es el verdadero problema para el poder: que el Mundial no alcance para tapar las grietas, que el espectáculo no logre maquillar la violencia, y que las madres sigan recordando que en México la ausencia también tiene estructura, responsables y, sobre todo, impunidad.
Con informacion: PROCESO/

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