La refinería Olmeca ,obra insignia del sexenio de Andres Manuel Lopez «Hablador» volvió a hacer lo que mejor sabe: no refinar gasolina, sino tragedias carísimas con certificado oficial de “todo bajo control”.
Obra estrella, incendio de rutina
El incendio en Dos Bocas dejó cinco muertos, aguas aceitosas desbordadas e incendiadas en plena vía aledaña y un coche reducido a chatarra con un trabajador tirado boca abajo en el agua sucia. La versión oficial presume que la refinería “opera con normalidad” y que todo pasó “afuera”, como si los hidrocarburos hubieran salido solos a pasear bajo la lluvia.
Mientras algunas autoridades culpan hasta a un posible rayo, Pemex encadena comunicados mínimos, técnicos y autocomplacientes, más preocupados por aclarar que la planta sigue funcionando que por explicar por qué un charco se volvió pira funeraria. El mensaje es claro: la prioridad no son los cuerpos, son los numeritos del parte corporativo.
La refinería que traga miles de millones
Dos Bocas se prometió en 2018 con un costo de 160 mil millones de pesos y fecha de estreno en junio de 2022; no se cumplió ni el precio ni el calendario. Hoy el propio Pemex reporta ante la SEC que la obra va ya en 20,959 millones de dólares, más de 400 mil millones de pesos, sigue en “etapa de prueba” y todavía podría necesitar más dinero.
Es decir, la joya petrolera del sexenio de López Obrador se volvió un monumento de concreto, sobrecostos y pretextos que ni siquiera alcanza su capacidad instalada. Se inauguró varias veces, como si cambiar la placa inaugurara también la ingeniería, la seguridad y la física básica de las inundaciones con combustible.
Manual de desastre anunciado
Paraíso, Tabasco, era desde 2008 la peor opción de siete posibles para instalar una refinería, según un estudio del propio Instituto Mexicano del Petróleo, por lagunas, pantanos y suelos arcillosos que exigían obras brutales para acondicionar el terreno. Aun así, se empeñaron en levantar la obra encima de un vaso regulador natural, tapando cientos de hectáreas de manglar y selva con arena y cemento.
La Manifestación de Impacto Ambiental reconoce que el área tiene riesgo alto por inundación marina y fluvial, riesgo muy alto por mareas de tormenta, erosión por oleaje y riesgo alto por sismicidad, pero se aprobó en un trámite exprés que la Auditoría Superior calificó, literalmente, como un “trámite” incompleto hecho en 30 días. Cuando por fin fueron a revisar, ya se habían arrasado 185 hectáreas de selva y 26 de manglar, con supervisión política de lujo: Adán Augusto López como gobernador y Rocío Nahle como responsable de la obra.
Escuelas a la izquierda y a la derecha del “progreso”
Dos escuelas, la primaria Abías Domínguez y el kínder Agustín Melgar, están pegadas a la refinería, pese a que la normativa exige 500 metros de distancia frente a instalaciones de alta peligrosidad. Desde los patios, el paisaje escolar es la antorcha del mechero, con una llama permanente y un zumbido constante que ya ha obligado a evacuaciones previas.
Durante casi dos años, madres, padres y docentes exigieron reubicación y la respuesta oficial fue que no se pueden hacer “escuelas herméticas” y que hay que “aprender a convivir con la refinería”. Solo después del incendio y la instrucción de Claudia Sheinbaum de reubicarlos pareció que alguien en el poder descubrió que vivir al lado de un tanque de riesgos múltiples no era precisamente un derecho humano.infobae+1
Sello de la casa: primero la narrativa, luego los muertos
La secuencia lo dice todo: tala ilegal previa a los permisos, evaluación ambiental exprés e incompleta, elección deliberada de la peor zona posible, sobrecostos astronómicos, operación a medias… y ahora un incendio que nace de aguas aceitosas desbordadas que matan a cinco personas en una vialidad pública mientras la empresa insiste en que la “operación continúa con normalidad”. Lo mal hecho no es accidente, es modelo de negocio y marca política.
López Obrador vendió Dos Bocas como símbolo de soberanía energética; terminó siendo emblema de soberbia administrativa: se torcieron estudios, se ignoraron alertas, se aplastó el manglar y se apretó “inaugurar” antes que “funcionar sin matar gente”. El incendio de esta semana no “resucita fallos”, solo hace visible lo que siempre estuvo ahí: una obra levantada a contracorriente de la técnica, de la ley y del sentido común, pero perfectamente alineada con el estilo de gobierno que prefiere quemar dinero y vidas antes que reconocer que construyó una refinería en el peor lugar posible.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/DANIEL CARABAÑA/

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