A quince días del inicio de Semana Santa —esa temporada en que las carreteras tamaulipecas se saturan más que una sala de urgencias sin aire acondicionado—, la Cruz Roja Mexicana decidió desconectar el respirador. No hay oxígeno financiero, ni pulso administrativo, ni respuesta de los tres niveles de Gobierno: federal, estatal o municipal. Todos ausentes del código rojo que se disparó hace meses y que ahora derivó en el cierre total de la delegación estatal y de sus ocho bases operativas.
El parte médico no deja lugar a dudas: saqueo de recursos, desangramiento presupuestal, necrosis administrativa. La sede nacional, en su rol de cirujano tardío, practicó una autopsia contable que halló una gestión tan irregular que habría hecho palidecer a cualquier residente del IMSS. Las hemorragias financieras se remontan a los ejercicios 2024 y 2025, años en que la delegación perdió la capacidad de cubrir nóminas, pagar combustibles o mantener con vida las ambulancias.
Las sirenas, por ahora, guardan silencio. En Ciudad Victoria —el corazón operativo— el personal bajó del vehículo de emergencia, cerró portones y esperó instrucciones que no llegarán hasta nuevo aviso. Los pacientes seguirán esperando en la banqueta mientras el Estado juega a ver quién firma la receta.
La alcaldesa morenista Mónica Villarreal —hermana del gobernador Américo Villarreal, jefa de turno de la narrativa oficial— aseguró que el tratamiento existe y que cada mes se inyecta un millón 750 mil pesos a la Cruz Roja, además de algunos miligramos presupuestales municipales en Tampico. Pero en la práctica, ese “soporte vital” no alcanza ni para los sueros, y las ambulancias siguen varadas con el tanque vacío y el motor en coma.
Mientras tanto, la exdirectora Graciela Guerra Álvarez, ungida en diciembre de 2023 bajo la bendición del propio gobernador, fue removida tras detectarse las arritmias contables que precipitaron la crisis. Su reemplazo, Jesús Suárez, ya admite públicamente que no hay recursos, ni apoyo gubernamental, ni un solo desfibrilador que devuelva la operatividad a la institución.
La Cruz Roja Mexicana —esa vieja doctora de la guerra civil mexicana, de los balazos y los choques en carretera— hoy yace en observación, con pronóstico reservado. En un Estado donde los accidentes aumentan y los hospitales ya colapsan, cerrar la Cruz Roja es equivalente a clausurar la sala de emergencias en medio de una epidemia.
Tamaulipas, en resumen, bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal, se queda sin paramédico,mientras todos los gobiernos en su conjunto,sin vergüenza, siguen firmando certificados de defunción institucional con plumas de oro y manos limpias de sangre.
Con informacion: REFORMA/

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