El nuevo pregonero de la “lucha anticorrupción”, Andres García Repper, como el anterior, Jesus Eduardo Govea Orozco,ascendido por su incompetencia como Fiscal General,sigue con su coartada perfecta: hablar de intentos y carpetas,en vez de resultados,acompañado por el periodismo cortesano de Tamaulipas ,que descubrió que es más rentable vender “pez gordo en la mira” que preguntar por qué el anzuelo lleva casi cuatro años flotando en el agua sin atrapar a nadie.
La épica de la carpeta vacía
Mientras la Fiscalía Anticorrupción presume “la cifra más alta de la década” en vinculaciones contra el cabecismo, se les olvida un pequeño detalle: no hay detenidos que hayan sido capturados por el esfuerzo de Tamaulipas, no hay condenas, no hay reparación del daño, solo boletines engordados con aire institucional.
Es la misma escuela de Jesús Eduardo Govea Orozco, que vendía 29 vinculaciones como si fueran 29 goles en una final… cuando jurídicamente apenas es el silbatazo inicial del partido. El nuevo fiscal solo cambió la foto del póster: otra carpeta, otro cabecista en la narrativa, mismo marcador en el tablero de justicia: cero.
El periodismo de porra oficial
La prensa que se autoproclama “crítica” se volvió departamento de marketing de la Fiscalía: repite que “se trabaja lento y a la segura”, como si la lentitud fuera sinónimo de rigor y no de cálculo político para que el sexenio se consuma sin tocar a nadie de verdad.
Titulan “Otro pez gordo en la mira” como si la mira no llevara años desajustada, pero jamás exigen fechas, nombres de jueces, número de sentencias, montos recuperados o funcionarios inhabilitados. Aplauden la promesa de que “esta vez sí se llegará hasta las últimas consecuencias”, pero les da flojera revisar que esas consecuencias casi nunca llegan a la sala del tribunal, solo a la nota con foto del gobernador en primer plano.
Del cabecismo al ameriquismo: continuidad disfrazada
El guion es idéntico al del sexenio anterior: se construye el monstruo del cabecismo, se le cuelgan todos los pecados del erario, se abren carpetas con espectaculares cifras en los boletines y luego se deja que todo muera de inanición jurídica.
Con Américo Villarreal rumbo a su cuarto año, el “cambio de régimen” es pura cosmética: los nombres de los acusados rotan, la Fiscalía cambia de administrador y el discurso se redecora, pero el resultado es el mismo teatro de utilería que ya describía el balance anticorrupción del ex presidiario ungido fiscal. La única cadena perpetua que se aplica en Tamaulipas es la del silencio: nadie toca al poder en funciones, nadie pregunta quién protege al fiscal, nadie conecta las carpetas congeladas con el calendario electoral del gobernador.
La comodidad del aplauso sin rendición de cuentas
El periodismo que presume valentía por repetir lo que la Fiscalía filtra, en realidad hace outsourcing de oficio: reproduce el libreto oficial y le llama “análisis”, adorna el boletín y le dice “columna”, cambia el adjetivo y se siente “crítico”.
Es más cómodo emocionarse con la narrativa del “pez gordo” que exigir algo tan incómodo como estadísticas de sentencias firmes, número de años de prisión impuesta, bienes asegurados o sanciones administrativas ejecutadas. Celebrar vinculaciones como victorias judiciales es el equivalente a aplaudir el anuncio de una demanda sin preguntar si alguna vez llegó a juicio: un periodismo que festeja la amenaza de castigo pero jamás se toma la molestia de verificar si el castigo existe.
Anticorrupción de utilería y prensa de ornato
Lo que hoy se vende como “Fiscalía que no deja ir al pez gordo” es en realidad un aparato que integra carpetas con la misma parsimonia con la que se espera que prescriban los delitos. Y a su lado, un ecosistema mediático que descubrió que es negocio alinearse: hacen ruido cuando se anuncia la nueva presa, guardan silencio cuando el proceso se desinfla, y nunca acompañan el “otro pez en la mira” con la lista incómoda de todos los que ya se les escaparon.
Si el periodismo no se decide a dejar de narrar el intento y empezar a exigir resultados medibles, la Fiscalía anticorrupción seguirá siendo lo que ya es: una oficina de propaganda jurídica, y la prensa local, su departamento de relaciones públicas con pluma incluida.
Con informacion: OPINION PUBLICA/

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