Américo Villarreal ,aun gobernador de Morena en Tamaulipas,llegó ayer a Reynosa a hablar de extorsión como “nuevo reto”, muy y pese a que en esta dolida ciudad, donde la percepción de inseguridad es del 81.7% de acuerdo con el INEGI, la extorsión como deporte exclusivo del Cartel del Golfo y el Gobierno,que tambien la practica, y su junior consentido es beneficiario a distancia, ya tiene nombre, rostro,apelllidos, negocios, app de transporte, funeraria, table dance… y el gobernador lo abraza en públicos nombre,Mario Gutian Rosas,ex-militar lugarteniente del CDG y citado por la prensa nacional.
El gobernador que se indigna… de dientes pa’ fuera
Villarreal presume que “la seguridad nunca es asunto terminado” y que están atentos a la “dinámica de los grupos delincuenciales”, como si estuviera describiendo un paper académico y no el infierno cotidiano de Reynosa.
Habla de homicidios que bajan, de indicadores, de promedios diarios de asesinatos, como si la estadística lavara la sangre que corre por la alcantarilla de la impunidad. No es un discurso de gobierno, es un parte médico de su propia anestesia moral: numera cadáveres, pero no toca a los poderes que los producen, porque simple y llanamente, se hace pendejo,lo que no es ninguna ofensa,es mero calificativo para el que ofende gobernados con sus acciones.
Mientras tanto, el mismo régimen de Morena que dice “combatir la extorsión” se deja abrazar, apapachar y hasta organizarle la movilización electoral por Mario Guitián Rosas, “La Chispa”, exmilitar convertido en gerente de la renta del miedo en Reynosa bajo el paraguas del Cártel del Golfo del “Primito” y el “Comandante Mono”. El gobernador exige denuncia ciudadana al 089, pero a “La Chispa” le da acceso VIP a la foto, al presupuesto informal y al blindaje institucional.
La extorsión con chaleco institucional
Villarreal explica muy serio que la extorsión subió porque cambiaron las “fuentes de financiamiento” de los grupos criminales, como si estuviera narrando un ajuste de portafolio financiero y no el cobro de piso a todo lo que respira en Reynosa. Habla de migración, de “otras prácticas ilícitas”, de cómo ahora se denuncia más la extorsión, como si la sorpresa fuera la denuncia y no el cinismo con el que el Estado convive con quien la administra.
Porque en paralelo a la retórica pulcra, “La Chispa” opera un emporio de negocios que huelen más a contabilidad criminal que a emprendimiento: funeraria Jardín de Rosas, crematorio que sirve lo mismo para despedir muertos que para desaparecer evidencias; CABIEX y Falcón System como “seguridad privada” que asegura el territorio, no a las víctimas; taxis Zodiac, VIP y Rosas, plataforma VAIA, purificadora de agua, talleres mecánicos y de llantas, carwash, palapas y tables como “Watch Me” y “Jetset Men Table”, con denuncias de explotación sexual de menores.
Esto no es informalidad económica, es una estructura de extorsión, lavado y terror montada a la vista de todos, menos del gobernador, que prefiere revisar gráficas del Secretariado Ejecutivo y pedirles a las víctimas que no se olviden de marcar el 089.
La Fiscalía como outsourcing del cártel
Mientras Villarreal apela a la “sociedad participativa y colaborativa” y se queja de que sin denuncia “no tienen bola mágica para saber dónde estar presentes», cosa que de acuerdo con las ultimas reformas, ya no se ocupa,pues se persigue de oficio.
Aunque en Reynosa la Fiscalía General de Justicia parece que sí sabe exactamente dónde estar: en los talleres, negocios y orbitas de “La Chispa”, pero como departamento de Recursos Humanos, no como autoridad.
Agentes y dependencias del estado que cobran sobresueldos al Cartel cuotas a ciudadanos, denuncias que se esfuman, investigaciones que jamás avanzan, y un aparato entero dispuesto a garantizar que el engranaje de extorsión, levantones y muerte siga lubricado con miedo.
El gobernador se vende como médico responsable que “lamenta cada vida perdida” mientras su administración lleva tres años repavimentándole con impunidad las calles a la estructura del Cártel del Golfo, y nos pinta las banquetas de moral institucional.
Los mismos animales con los que posa, cena y negocia son los que luego suelta en la jungla de asfalto para cobrar renta, desaparecer gente y administrar funerarias que jamás enfrían sus hornos.
El doble discurso como política pública
Villarreal saca pecho con indicadores, asegura que “seguimos avanzando”, cuando la cifra negra de los que no denuncian es brutal y por ende cualquier estadística sale fallida.
Americo remata con insistencia con el clásico llamado a denunciar, porque sin denuncia no puede actuar y se vuelve un circulo vicioso,no denuncian porque el gobierno no actúa y este no actúa porque no denuncian.
Pero cuando un ciudadano, Gabriel, puso denuncia y ademas acusó en video y directamente a “La Chispa”, y al entonces fiscal de Justicia Irving Barrios Mojica, la respuesta no fue el Estado de derecho, fue ejecutado. Ahí no faltó denuncia, faltó voluntad de romper la alianza con el brazo financiero y operativo del Cártel del Golfo al que el poder político ha protegido y normalizado.
La extorsión, nos dice Villarreal, es “el nuevo reto” de seguridad en Tamaulipas. Nuevo no es; lo nuevo es el descaro con el que el gobernador posa sonriente junto al operador de esa extorsión, mientras sus voceros reparten boletines de logros y piden confianza institucional. La narrativa oficial habla de “nuevos retos”; las imágenes enseñan viejas complicidades con rostro, apodo y catálogo de negocios.
¿Se va a seguir haciendo pendejo?
La pregunta que ya circula en las calles de Reynosa no es si hay extorsión: es si el gobernador piensa seguir haciéndose pendejo frente a los vínculos políticos, económicos y personales con quienes la cobran. No es un insulto, es diagnóstico clínico de un “matasanos” que prometió curar a Tamaulipas y terminó recetándole impudemia: una enfermedad crónica de cinismo, doble moral y protección a los suyos.
Villarreal no necesita que nadie lo ofenda: con sus actos, sus abrazos y sus silencios ya se ofendió solo. Y cada vez que pide denuncia ciudadana mientras ignora al lugarteniente del Cártel del Golfo que lo abraza, confirma que en Tamaulipas la extorsión no es “nuevo reto”, es política de Estado tercerizada donde si «chivateas», es decir,denuncias,te matan.
Con información: HoyTamaulipas/

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