Dicen que la maldad nunca se presenta con capa y tridente: a veces sonríe con bata de laboratorio y dice que todo es “para simplificar” o “para ahorrar recursos”. Así llegó la presidenta Claudia Sheinbaum al escenario nacional con su reforma electoral —ese Frankenstein legislativo que, disfrazado de modernidad democrática, huele a mausoleo del INE.
Para empezar, propone borrar del mapa el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), ese sistema que desde 1994 permite conocer, con base en actas reales capturadas en tiempo real, cómo va la elección. Traducido sin tecnicismos: eliminar el PREP es apagar la luz justo cuando se cuentan los votos.
La presidenta del INE, Guadalupe Taddei, una funcionaria poco dada al escándalo, levantó la ceja y soltó la pregunta que quema:
“Si no vamos a tener PREP, ¿qué información entregará el Instituto el mismo día de la elección?”
Buena pregunta. Porque sin PREP, los únicos que sabrán “cómo va la elección” serán… adivina quién: el gobierno, sus operadores distritales y su narrativa oficial. El resto, por primera vez en tres décadas, tendría que esperar “conteos oficiales” con sello de Presidencia.
Pero eso es apenas el aperitivo del llamado “plan con maña”: una reforma electoral que en el papel optimiza, pero en la práctica recentraliza el poder, disuelve las estructuras técnicas independientes y deja en manos del Ejecutivo el relato electoral.
Desglose pormenorizado: los 10 puntos (y su trampa)
- Eliminación del PREP.
- Oficialmente: evitar duplicidad y “mejorar la transparencia” con conteos distritales más rápidos.
- En realidad: eliminar la única fuente de información ciudadana inmediata sobre resultados. Abre la puerta a manipular la narrativa la noche de la elección.
- Transformación de las Juntas Distritales.
- Se propone que dejen de ser órganos permanentes y pasen a ser temporales. Eso implica disolver la red profesional que documenta y organiza elecciones entre ciclos.
- Traducido: desmantelar al INE desde sus bases operativas y reemplazar experiencia técnica por control político temporal.
- Facultad del INE para retirar contenido en redes (incluso IA).
- A primera vista, parece útil contra la desinformación. Pero ¿quién define qué es “falso”? Y peor: se siembra la idea de vigilancia de contenido político bajo supervisión “en tiempo real”.
- Riesgo alto de censura política encubierta y manipulación preelectoral.
- Reconfiguración del padrón de funcionarios y estructura del servicio profesional.
- Menos plazas, más rotación, menos personal técnico estable.
- Resultado práctico: debilitamiento de la memoria institucional y aumento del control desde oficinas centrales (léase: el Ejecutivo).
- Reducción del presupuesto y centralización de recursos.
- Objetivo declarado: austeridad. Objetivo oculto: dependencia financiera del INE respecto al gobierno federal.
- Sin dinero, no hay autonomía técnica real.
- Nombramientos coordinados con el Congreso.
- Se refuerza la intervención legislativa (y por ende partidista) en los nombramientos técnicos del INE.
- Se erosiona la independencia natural del órgano arbitral.
- Revisión automática de estructura cada elección.
- Parece control administrativo, pero equivale a poner en riesgo la continuidad profesional del personal electoral después de cada proceso.
- Digitalización de actas y conteos vía plataformas gubernamentales.
- Suena a avance tecnológico, pero si las plataformas dependen del Ejecutivo, el control de datos también.
- “Simplificación” de procedimientos locales.
- Traducción: recentralización disfrazada —menos autoridad de los OPLE, más control directo federal.
- “Confianza” en el INE renovado.
- Retórica de confianza, pero con los dientes afilados: se le quita autonomía, presupuesto y tiempo. Un INE domesticado es el árbitro perfecto para una democracia de utilería.
En conclusión
La presidenta Taddei lo dijo con diplomacia. Pero la traducción al lenguaje llano sería: “Nos quieren dejar ciegos el día de la elección, y quieren que demos las gracias por ello.”
El “nuevo” modelo electoral no es modernización ni eficiencia: es una reingeniería del control. Sheinbaum, experta en la narrativa de la ciencia aplicada al poder, quiere un sistema electoral que no supervise al gobierno, sino que lo acompañe —de preferencia, hasta el infinito y más allá.
Con información: ELNORTE/

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