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jueves, 26 de febrero de 2026

EL «AMOR MATA ?»: EL «CHAPO y el MENCHO COMPARTIERÓN el MISMO PUNTO DÉBIL con NOMBRE y PERFUME»…la hormona toma control y convierte verdugos en victimas de su propio deseo.


Era capaz de enterrar vivos a sus enemigos sin despeinarse, pero se derretía si pasaba más de un par de días lejos de sus diez (o más) hijos y su zoológico sentimental de mujeres. El famoso informe psicológico sobre El Chapo, elaborado cuando pisó cárcel por primera vez hace más de una década, lo retrataba como un ser implacable, vengativo, con una “ambición desmedida por el poder” y una necesidad enfermiza de mando. Detrás del rostro endurecido del capo, el documento diagnosticaba lo que podría resumirse en una frase: un complejo de inferioridad con botas de pitón. Lo empujaba a matar sin culpa, aunque con algo de poesía enferma. Era casi un psicópata, sí, pero con dos talones de Aquiles sorprendentemente domésticos: el miedo a perder la libertad y el pánico a quedarse solo.

Y ahí está la ironía. El hombre que construyó túneles kilométricos bajo las narices del Estado cayó no por balas ni delaciones, sino por amor (o lo que él entendía por eso). En 2014, cuando los marinos lo cazaron, no lo encontraron en un búnker blindado, sino en un departamento cualquiera, modesto y tierno en su patetismo: su esposa y sus gemelas de tres años jugando mientras el capo del Cartel de Sinaloa veía el mundo cerrarse a su alrededor.

Su detención final, la definitiva, también olía a telenovela. La pista la dio Kate del Castillo, la actriz que lo fascinó y con la que planeaba una visita clandestina en la sierra. En los mensajes interceptados por el Ejército le prometía: “Te cuidaré más que a mis ojos.” Y así fue: su lado romántico terminó siendo la bala que no pudo esquivar.

La escena tuvo secuela. Años después, la historia se repitió como una tragicomedia de narcos con espejo retrovisor. 

Esta vez el protagonista fue El Mencho, el heredero del mito, el “bandido incorregible y astuto” del Cartel Jalisco Nueva Generación. De él no había informe psicológico, pero el libreto era el mismo: inteligencia de hielo, cálculo milimétrico, una crueldad que daba para manual de anatomía. Y, por supuesto, un punto débil con nombre y perfume. Lo localizaron gracias a una de sus parejas, que fue a visitarlo a unas cabañas perdidas en la sierra jalisciense. Así lo encontró el Ejército: desarmado, rodeado de montañas y sentimientos.

El porque de nuestro titulo:

Hay argumentos que se sostienen detrás del juego de palabras y el título busca condensar esa contradicción: de verdugos a víctimas de su propio deseo. 

La interrogante El «amor mata» ,invierte el sentido clásico del término “mata por amor”. No evoca un acto romántico ni trágico, sino una ironía brutal: en el mundo del narco, hombres que matan con facilidad terminan cayendo por algo tan primario como la atracción. El enemigo no fue el gobierno, ni los rivales, ni la DEA: fue la hormona.

«Con nombre y perfume»: personalización del declive

Este guiño literario (“nombre y perfume”) humaniza el talón de Aquiles del capo. No estamos hablando de amor en abstracto, sino de una mujer concreta, símbolo de deseo y vulnerabilidad. En ambos casos —El Chapo con Kate del Castillo; El Mencho con su pareja rastreada— la relación sentimental fue el hilo invisible que los delató ,y de como el deseo deja huellas más fáciles de seguir que las balas.

Un frase: 

“La hormona toma el control y la neurona se va de vacaciones»,resume con ironía despiadada; la tesis de la inteligencia criminal y el cálculo frío sucumben ante la biología básica. 

Poder y debilidad

Nuestro título evidencia una paradoja central: los hombres más temidos del país terminan dominados no por el Estado, sino por sus emociones. La hormona como metáfora del instinto sobre el control racional funciona también como radiografía de poder: quien se cree invencible no imagina que su propia humanidad será la grieta.

La filósofa Simone Weil decía que hay en la violencia una ebriedad devastadora —“la fuerza”, le llamaba— que convierte a los hombres en cosas y los arrastra a todos por igual, víctima o verdugo. Ni El Chapo ni El Mencho lograron escapar de esa resaca. Buscaron redención a su modo, en los baños calientes de la ternura, pero la temperatura del crimen termina por apagar cualquier afecto: el poder no se deja abrazar.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/DAVID MARCIAL PEREZ/

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