La prohibición del Gobierno federal a la siembra de maíz transgénico en México, ya avalada por el Congreso, condena a los pequeños productores a mantener sus ínfimos niveles de productividad y, por ende, a permanecer hundidos en la pobreza.
Productores de este grano en el País coinciden en las grandes ventajas de reducción de pérdidas y mayor rendimiento que bajo condiciones iguales de clima y sanidad vegetal que ofrece esta semilla, de alto uso a nivel mundial, respecto a la híbrida y más aún la criolla o autóctona, que se cultiva en muy pocos lugares del País, sobre todo alejados de los distritos de riego.
Destacan que otro de los beneficios de la semilla transgénica es que sólo requiere la mitad del agua que es usada en los riegos, la cual en los últimos dos años ha venido a menos por las fuertes sequías en la mayor parte de México.
Ante esa ventaja, indicaron que sería más provechoso que el Gobierno destinara parte de los poco más de 40 mil millones de pesos programados para todo el sexenio al Programa Nacional de Tecnificación de Riego a la compra de semilla transgénica, pues eso daría mejores resultados dada su alta resistencia a la falta de agua.
Rogelio García Moreno, vicepresidente agrícola del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), explicó que la clave de todas las ventajas del maíz transgénico deriva de su mayor resistencia a fenómenos climáticos, plagas y herbicidas respecto a las semillas híbridas.
“Además está comprobado que no es dañino para el consumo humano y la prueba es que México perdió el panel con Estados Unidos y Canadá porque no demostró que produce daños”.
Ante la fuerte caída que sufrió el año pasado la cosecha nacional de maíz por la sequía, Rubén Chávez Villagrán, ex Secretario de Desarrollo de Rural en Chihuahua, propuso al Gobierno federal establecer un cordón prohibitivo de siembra de transgénicos en zonas donde aún hay maíz criollo a cambio de conceder el cultivo de aquellos en lugares alejados.
Aclaró que la semilla transgénica cuesta el doble de la híbrida, pero que el Gobierno pudiera apoyar a los pequeños agricultores para comprarla, utilizando parte de los 40 mil millones de pesos del Plan Nacional de Tecnificación de Riego.
“El Gobierno se ha aferrado a una ideología que nos va a costar muy cara porque cada vez va a haber menos maíz en México; en lugar de destinar grandes recursos para tecnificación de riego, que por cierto casi ni hay agua, mejor que utilice parte de eso para comprar semilla transgénica, que es resistente a la sequía.
“Con la misma superficie de tierra y la poca agua que hay se elevarían muchísimo los rendimientos en los estados que tienen baja productividad y en los que tienen rendimientos de hasta 13 toneladas el crecimiento sería del 10 por ciento porque ya están más cerca del potencial total de la semilla”.
“El Gobierno va a provocar que todos esos pequeños agricultores de maíz sigan condenados a la pobreza por los bajos rendimientos y, por otra parte, va a crecer la dependencia al maíz transgénico de Estados Unidos”, advirtió.
El año pasado, el rendimiento promedio de maíz en México bajó a 3.64 toneladas por hectárea desde las 4.24 toneladas del 2023 y en Sinaloa, el principal productor, el rendimiento cayó de 12.41 a 11.89, revelan cifras de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
A la par de esto, de enero a noviembre del 2024 las importaciones de maíz amarillo transgénico crecieron 33 por ciento anual a un récord histórico de 21.6 millones de toneladas, provenientes todas de Estados Unidos, acuerdo con las últimas cifras disponibles del Banco de México.
Argumentos culturales y ambientales
La prohibición del cultivo de maíz transgénico en México, avalada constitucionalmente en 2025, se fundamenta principalmente en argumentos culturales y ambientales, aunque enfrenta críticas por sus implicaciones económicas y técnicas. Aquí un análisis detallado:
- Protección de biodiversidad:
México considera el maíz nativo (59 variedades documentadas) como patrimonio biocultural. Organizaciones como Semillas de Vida advierten que la introducción de transgénicos podría contaminar genéticamente estas variedades, amenazando su existencia. El maíz blanco, usado en alimentos básicos como tortillas, simboliza identidad nacional. - Soberanía alimentaria:
La reforma constitucional busca reducir la dependencia de semillas extranjeras y preservar prácticas agrícolas tradicionales, especialmente en comunidades indígenas que conservan el 85% de las variedades criollas. - Salud pública:
Aunque el panel del T-MEC determinó en 2024 que no hay evidencia científica de daños a la salud, México mantuvo la prohibición de consumo humano directo (tortillas, masa) alegando riesgos potenciales por glifosato y modificación genética.
Impactos en productividad y economía
- Rendimientos agrícolas:
Los pequeños productores usan semillas criollas con rendimientos promedio de 3.64 toneladas/hectárea (2024), frente a 11.89 toneladas en Sinaloa con híbridos no transgénicos. La semilla transgénica podría aumentar estos números, especialmente en zonas con sequía, al requerir 50% menos agua. - Dependencia importadora:
México importó 21.6 millones de toneladas de maíz transgénico estadounidense en 2024 (+33% anual) destinado a ganadería e industria. La prohibición de cultivo no afecta estas importaciones, lo que genera contradicciones: se protege la siembra local pero se mantiene la exposición a transgénicos vía comercio. - Costos económicos:
Un estudio citado por el CNA proyecta que la prohibición elevaría el precio de las tortillas 30% en el primer año y 42% en el segundo, además de costar $5,600 millones adicionales a la economía mexicana.
Limitaciones de la prohibición
- Protección incompleta:
La reforma constitucional solo prohíbe el cultivo de transgénicos, no su importación o uso en alimentos procesados. Expertos señalan que esto no evita la contaminación cruzada en campos. - Falta de alternativas:
Críticos como el exsecretario Rubén Chávez Villagrán argumentan que el gobierno podría combinar zonas libres de transgénicos con áreas permitidas, usando parte del presupuesto de tecnificación de riego ($40,000 millones) para subsidiar semillas transgénicas resistentes a sequías. - Impacto en pequeños productores:
Al restringir el acceso a tecnología que mejora rendimientos (12-13 toneladas/hectárea con riego), se perpetúa la baja productividad de agricultores de subsistencia, quienes representan 70% de los 4 millones de productores nacionales.
En síntesis, mientras la prohibición refleja una defensa legítima de patrimonio biocultural y soberanía, su implementación parcial y falta de apoyo a alternativas tecnológicas podrían agravar la pobreza rural y la dependencia alimentaria externa. El desafío radica en equilibrar protección cultural con innovación agrícola inclusiva.
Con informacion: ELNORTE/
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